Durante su comparecencia ante la Cámara de Diputados esta semana la Secretaria de Cultura Federal, Alejandra Frausto, dejó en claro la perspectiva de su administración al decir que “el Estado no hace la cultura, la cultura la hacen los creadores y las propias comunidades; el Estado facilita su desarrollo y asegura la plena libertad creativa y de expresión”.

Esta declaración tiene sustento en programas como Semilleros y Milpas Culturales, que se plantearon desde su oficina, enfocados en la identificación de talentos creativos en las comunidades y su potenciación pero se contrapone a lo que en otro punto del gobierno federal se está haciendo.

El Universal anunció el 30 de octubre que el Instituto Mexicano del Seguro Social está intentando revivir la Red de Teatros del IMSS con una inversión de 37 millones de pesos para la rehabilitación de 12 de los 38 auditorios, salas y teatros que forman parte de esta red, aunado a 3 millones de pesos para la obra Felipe Ángeles, de Elena Garro, en el marco del centenario de la muerte de este líder revolucionario, la cual itinerará por varios de estos recintos en la República Mexicana del 29 de noviembre al 29 de diciembre del presente.

Movido por el interés que tengo por este proyecto venido a menos en años recientes —con espacios en desuso por todo el territorio, deteriorados y sin una actividad teatral seria constante— al enterarme de la noticia la compartí en mis redes sociales con la expectativa de conocer la opinión de mis contactos, principalmente los de la comunidad teatral, al respecto.

Tras meses de cobertura al tema, tanto por VANGUARDIA como por otros medios a nivel nacional, esperé encontrarme con respuestas entusiastas ante la posibilidad de ver nuevamente en activo estos lugares —yo lo estaba—, hasta que comenzaron a surgir opiniones en contra de tal inversión.

El Plan de Austeridad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha sido llevado a cabo de tal manera que algunos sistemas burocráticos han quedado incapacitados para laborar con normalidad, dejando en el proceso a millones de personas sin acceso a servicios como, en este caso, atención médica y farmacia.

No debe ser sorpresa, entonces, que a muchos esto les parezca un gasto innecesario, incluso si se trata de apoyar a la cultura.

De acuerdo con la nota, una entrevista con Olga Georgina Martínez, Coordinadora de Bienestar Social del IMSS, este presupuesto es parte de una “prima especial” cuya procedencia no aclaró y la administración de los teatros es, supuestamente, autosustentada por las mismas rentas de los espacios —de los cuales 14 son activos, ubicados la mayoría de ellos en la Ciudad de México, y con el resto “medianamente activos”—, que oscilan entre los 2 y 9 mil pesos por tres horas.

En conversación con Gustavo García, miembro de la Asociación Coahuilense de Teatristas para el reportaje publicado en este medio el 4 de octubre, durante los doce años que la compañía estuvo administrando en comodato el Teatro del IMSS en Saltillo recibieron 600 mil pesos anuales para su administración desde el Fideicomiso de Administración de Teatros y Salas de Espectáculos, creado expreso para este fin.

Suponiendo una actividad constante cada fin de semana —viernes, sábados y domingos— con la mayor renta mencionada —9 mil pesos— por todo el año sin descansos, un espacio así podría generar ingresos por 1 millón 296 mil pesos. Pero este es el mejor de los casos y por lo tanto, para su mantenimiento y próxima rehabilitación, la Red de Teatros del IMSS debe ser inyectada con presupuesto proveniente de otro lado.

En sus inicios, en una época en que la cultura institucional estaba gestionada por la Secretaría de Educación Pública ya que aún no existía CONACULTA ni la SEC, el proyecto buscó ofrecer una atención integral al derechohabiente. No solo estar al cuidado de su salud física, sino también de la mental y espiritual, con teatros, gimnasios y espacios deportivos. Pero tras décadas entre subibajas de interés por parte de los directores del IMSS y la constante amenaza de su desaparición este proyecto de revitalización llega en el momento menos indicado para ser llevado a cabo.

El Instituto Mexicano del Seguro Social tiene otras prioridades y ya es tiempo de que su red de teatros pase a formar parte del rubro gubernamental encargado de la cultura, con recursos destinados para ello —y una activa comunidad dispuesta a poner los espacios en función—, sin andar jugándole al gestor cultural y productor, con obras nacidas desde la Comisión Presidencial para la Conmemoración de Hechos, Procesos y Personajes Históricos, parte de las intenciones historiográficas de la 4T.

Porque Frausto, sin duda, tiene razón. Pero mientras ella desde su administración se encarga de generar estrategias y sistemas para que los creadores se expresen, el IMSS está imponiendo discursos y solventando proyectos que no le competen ya.