En esta semana se capturó a un pez muy gordo llamado Juan Collado. Si quiere saber cuál era su pesaje, vea el tipo de personajes que representó en los tribunales. La captura no tuvo la relevancia que tenía porque los medios le dieron más cuadro a la renuncia de Carlos Urzúa, ahora exsecretario de Hacienda. Por supuesto, la renuncia fue primero y la captura después, pero no negará que el asunto de los puntos de fuga en los medios, como en la pintura, son fundamentales.

Sólo para poner perspectiva. Los cambios son ordinarios y normales en cualquier organización o grupo humano. Como usted lo sabe, se dan por muchas razones.

El disentir en todas las dimensiones de la vida es algo normal. En el plano político más. Por ejemplo, Ernesto Zedillo Ponce de León tuvo 23 cambios de secretarios en su gabinete. En su periodo Vicente Fox cambió a 20 secretarios de Estado. Felipe Calderón a los 4 años de gobierno ya llevaba 20 cambios de secretarios, solamente en Gobernación hubo cuatro; al tiempo fueron 25. En la administración de Enrique Peña Nieto, de 2012 a 2018, los cambios estaban a la orden del día; en la Secretaría de Desarrollo Social hubo cuatro cambios, en la Procuraduría General de la República hubo cuatro, en la Secretaría de Educación tres, en la Secretaría de Hacienda hubo tres personas a cargo; lo mismo ocurrió en las otras secretarías.

La renuncia del secretario causa ruido porque en nuestra sociedad mexicana hemos estado acostumbrados a vivir en “armonía” para conservar el trabajo, en los grupos humanos “para llevar la fiesta en paz”, en las organizaciones y por supuesto en los partidos políticos para seguir sobreviviendo; por un lado, y por el otro, de la necesidad que tienen los medios de vender periódicos y de levantar el rating.

Durante 72 años, por ejemplo el PRI, siendo el único partido en el poder tuvo distintas visiones de nación. De 1929 a 1988 su pensamiento se basó en la idea del Nacionalismo Revolucionario y, aun con una sola ideología, los llevó a marcar diferencias por la visión que tuvieron los gobernantes entre sí. Diferencias abismales entre la idea de país que tuvo Calles a la de Cárdenas y, por supuesto, a la de Ávila Camacho. De 1988 a 1994, la ideología cambió y se planteó con Carlos Salinas la idea de ser un partido con una idea un tanto atrevida, practicaron el liberalismo social. De 1994 al 2008, perdieron la identidad y no supieron por dónde, pero de 2008 a la fecha determinaron que la ruta sería la democracia social.

En el PAN pasó lo mismo. La visión de nación de don Manuel Gómez Morín y la fundamentación de las ideas a cargo de don Efraín González plantearon el ideario de todos aquellos que quisieran ser parte de un partido que tenía como centro al ser humano y a su dignidad. Al tiempo otros viraron. Fox y el partido en el 2000 privilegiaron igual que Salinas la economía, serían los tiempos y el contexto, pero así fue. Entre Fox y Calderón no sólo se dio una marcada diferencia de proyectos. Nada más de entrada, Calderón no era el candidato de Fox y Anaya no era el de Calderón. ¿O tan rápido lo olvidamos?

Hoy se nos presenta un proyecto al menos en el papel “distinto, diferente”, se vale no estar de acuerdo, por supuesto, por eso elegimos la democracia. Pero es importante que no nos compliquen el sentimiento, la emotividad o el interés que lo único que muestran son cerrazón, intolerancia, ceguera y fundamentalismo que siguen abonando la división social.

El pluralismo en política tiene que ver con la tolerancia y el reconocimiento de diferentes grupos, ideologías y posturas. La ecuación es simple, seremos democráticos en la medida en que seamos plurales y agotemos las formas de participación.

Probablemente no estemos de acuerdo, pero debemos de respetar las formas de ser, de sentir, de creer, de pensar y de actuar de los otros, eso es el pluralismo y está empatado con la tolerancia y el respeto que favorecen el dialogo, todos ellos son valores fundamentales de la democracia. Se trata de sumar y de multiplicar, no de restar y dividir por sistema.

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