El cine es un arte de contar historias, y en ese sentido, la semana pasada bajó el telón para dos prolíficos creativos que nos dejaron un legado importante de relatos para la posteridad.

La primera pérdida se dio el pasado lunes 12 con la muerte a los 95 años de edad de Stan Lee, el creador originalmente de un número importante de comics que del papel impreso pasaron con el tiempo primero a la televisión y en este nuevo milenio a la pantalla grande de una forma tan espectacular u sucesiva que las generaciones denominadas como “millennials” o “Z” difícilmente pueda pensar en el término “cine” sin desligarlo de frases como “De un gran poder se deriva una gran responsabilidad” de “El Hombre Araña” (Sam Raimi, 2002) a un final abierto y de imágenes desconcertantes como el que tuvo “Avengers: Infinity War” (Anthony y Joe Russo, 2018) que dejó pendiente con todo y su acostumbrado cameo para el estreno de su continuación programada para el próximo año.

Pero esta pérdida si bien fue muy significativa para las generaciones mencionadas, también lo fue a la que pertenece su servidor, la “generación X”, quien a pesar de tener una competencia inmensa con la épica con el sello DC que se filmó entre otras cosas con un guion en el que estuvo involucrado nada menos que el maestro Mario Puzo, autor de “El Padrino”, como “Superman: La Película” (Richard Donner, 1978), de forma paralela en nuestra todavía niñez nos formamos en el gusto por el cine a través de relatos de Stan Lee hechos originalmente para la pantalla chica como “Hulk: El Hombre Increíble”, donde el luchador Lou Ferrigno hacía al hombre verde y la película para TV que en Saltillo vimos en la pantalla grande del hoy extinto cine Palacio de “El Sorprendente Hombre Araña”, de 1977.

Ya que hablamos de ganadores del Oscar y de escritores trascendentales de clásicos de los años 70, el Séptimo Arte norteamericano volvió a cubrirse de luto a finales de la semana pasada con el fallecimiento el viernes 16 del no menos prolífico y respetado como William Goldman a los 87 años de edad en la ciudad de Nueva York, donde colegas suyos como el guionista y director Shane Black (“Arma Mortal”; “El Depredador”) comentó en redes sociales poseía la sencillez y humildad de los grandes al grado de estar listado en la guía telefónica de la “Gran Manzana” contestando el teléfono personalmente para quienes como Black alguna vez lo llamaban para pedirle consejo.

Y es que si bien Goldman tenía un perfil más bajo que Lee sobre todo en la actualidad, el maestro era respetado particularmente por sus colegas y creativos del cine tomando en cuenta de que aunque se inició como guionista a mediados de los años 60 con la película “Masquerade” (Basil Dearden, 1965) para finales de aquella misma década obtenía su primero de dos Oscares al Mejor Guion Adaptado de “Butch Cassidy y the Sundance Kid” (George Roy Hill, 1969) antes de ganar el segundo por otro clásico en su caso basado en el sonado caso de la vida real de Watergate como lo fue “Todos los Hombres del Presidente” (Alan J. Pakula, 1976).ambas protagonizadas por el primer actor Robert Redford y esta última recordada, entre otras cosas, por la también célebre frase: “Sigue el dinero”.

Goldman combinó exitosamente su carrera como escritor cinematográfico con la de escritor de libros sobre el quehacer del guionista, y así como adaptó contrastantes obras suyas al cine como la novela de “Maratón de la muerte” (John Schlesinger, 1976) o “El Pirata y la Princesa” (Rob Reiner,1987, para este último realizador también adaptó la novela de Stephen King “Miseria”, de 1990, entre otras más.

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