Circula un spot del Gobierno federal con una famosa frase del austriaco Peter Ferdinand Drucker: “Todo lo que se mide, se puede mejorar”, es una afirmación válida y cierta, pero qué pasa cuando las cifras que presenta el Gobierno en curso no tienen credibilidad. 

La Encuesta Nacional de Transparencia y Acceso a la Información, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, reveló que 75% de los mexicanos desconfían de los datos gubernamentales en materia de narcotráfico y seguridad.

Esto nos obliga a detenernos, la gente no cree en las cifras porque no las ve reflejadas en su realidad, el Gobierno ha sido incapaz de mostrar que una reducción del 1.5% en homicidios dolosos en cierta región significa algo para la dinámica de vida. 

Hoy México no cree en que “las cosas buenas casi no se cuentan, pero cuentan mucho” no existen esas “cosas”, esa maldita percepción ha quedado reducida a la incredulidad en esta década que ha dejado un gasto de 57 mil millones de dólares, 200 mil muertos, 28 mil desaparecidos y miles de desplazados, según cifras de Amnistía Internacional y The Guardian (fundamental las fuentes ante la falta de credibilidad de las cifras oficiales) 

Pero la tragedia no sólo alcanza la inseguridad, en materia de salarios de los funcionarios públicos el 80 por ciento de los mexicanos desconfía de la información publicada por gobiernos. Nadie cree que un Gobernador con un salario de 120 mil pesos pueda comprar un rancho de 200 millones de pesos, un piso en Madrid, 60 hectáreas en Valle de Bravo y tener miles de empresas fantasmas. Y otra vez llega la pregunta ¿por qué desconfiamos? En la respuesta me voy a ahorrar caracteres, usted sabe qué contestar, ha tenido de cerca los gobiernos de los Moreira. A la par de esta desconfianza está el desempeño de los gobiernos, el uso de los recursos públicos y el estado de la economía. 

En términos de Democracia estamos en las mismas, el 77.8 por ciento no cree en las elecciones, y en paralelo en los partidos políticos y en consecuencia en los que los integran, en fin, es un círculo de desconfianza.

Nuestro País no cree en nada, ni en nadie del Gobierno, ante este panorama nos queda crear mecanismos para evitar más mentiras, confío en la ley tres de tres y en lo que creó, el Sistema Nacional Anticorrupción como una de las últimas anclas de que no todo está perdido; también confío en las candidaturas independientes rumbo al 2018, yo sé que este año no fue bueno para esta figura de participación, pero en general este año no fue bueno para nada (sólo hay que voltear a ver a los vecinos) sé que resurgirá esta figura y si logra unir esfuerzos ciudadanos robará votos en la próxima elección presidencial; y por último nos queda la memoria, ante las tragedias ocurridas en este sexenio, ante las malas decisiones causar un efecto, dejar de ser el país donde no pasa nada. La desconfianza, la incredulidad, no pueden ser causales de nuestra derrota como sociedad, habrá que traducir el desánimo social en castigo en las urnas, en exigir rendición de cuentas y confiar en nosotros mismos.