Pero, ¿cuál es la pregunta? Las mujeres estamos inmersas en tantos temas de la vida cotidiana que ya no nos damos cuenta de todas las actividades que hacemos en el día a día, por mencionar algunas con fines puramente ilustrativos: quehaceres domésticos, cuidado de los hijos y de la familia, el cocinar mínimo las tres comidas del día y, a esto se suma con la pandemia, otras actividades como ser maestras, enfermeras, psicólogas, entrenadoras y aparte de todo esto, las actividades laborales y profesionales en que nos desarrollamos.

Entonces, ¿qué nos falta para sobresalir en la sociedad y demostrar nuestros súper poderes?

Empoderar es otorgar y ejercer poder, es crecimiento para mejorar como individuo. Por eso si nosotras nos empoderamos tendríamos un impacto en nuestra sociedad inmediata, tendríamos principalmente economías fuertes, por la misma equidad tendríamos las mismas oportunidades en nuestra sociedad, lo que se traduce en mejor calidad de vida para tanto para hombres como para mujeres. El sitio de internet ConnectAmericans en uno de sus artículos menciona que “Las mujeres producen el 66 por ciento del trabajo mundial, el 50 por ciento de los alimentos, pero ganan sólo el 10 por ciento del ingreso y son dueñas del 1-2 por ciento de las propiedades”.

Lo que ganamos es mucho y sólo necesitamos del empoderamiento de las mujeres. Entonces, ¿por qué es tan complicado que pase esto en nuestra sociedad?

Necesitamos de proyectos donde la mujer se pueda desarrollar sin limitaciones y en condiciones justas. Tanto en el Gobierno como en la iniciativa privada. Una de las contribuciones de la mujer dentro de la economía, sociedad, cultura y la política es su papel como agente de cambio. Ya que existe un incremento de la participación de las mujeres en todos los aspectos de la vida personal y social.

Nosotras las mujeres, estamos ocupando cada vez más espacios en puestos estratégicos ya sean de Gobierno o iniciativa privada, somos tomadoras de decisiones. Cada vez más las niñas sueñan con ser presidente o astronauta sin dejar a un lado el sueño de tener una familia propia. La mujer del siglo 21 como actor fundamental de la sociedad ya no tiene que conformarse con sólo una opción.

En la actualidad las mujeres buscamos el respeto y el sentido de pertenencia a la sociedad dentro de los diversos sectores como: económico, político, y asimismo de tener la oportunidad de exponer que nuestra aportación en el mundo pueda traer una transformación y evolución a las empresas, el Gobierno, la política, la cultura y englobando a todos los aspectos que conforman la sociedad.

Hasta estos momentos tanto mujeres como hombres gozamos de los mismos privilegios -al menos en el papel- en cuestión de educativa, laboral, así como en oportunidades.

Pero la realidad es que las mujeres seguimos ante la dificultad de poder combinar las responsabilidades familiares con el ámbito profesional y laboral, donde con mayor frecuencia existen restricciones profesionales por el simple hecho de ser mujer reflejándose inmediatamente en las oportunidades de ascenso dentro de una empresa o Gobierno y al salario o simplemente al estar limitados en oportunidades por el simple hecho de ser mujer.

El núcleo de la sociedad es la familia, y la mujer es base fundamental en los hogares. Es ahí donde se recibe la primera educación, donde las hombres y mujeres reciben apoyo, se inculcan creencias y valores, así como se acude cuando se tiene alguna necesidad. En este espacio es donde se da el sentido de pertenencia, de unidad, donde se forma una identidad y se crean las personalidades de cada individuo. Entonces poniendo en este sentido, la familia nuclear es donde se sientan los cimientos de una sociedad y es complicado reestructurar todo el sentido económico y social que permea a nuestra sociedad. Cuántas veces hemos escuchado lo siguiente en nuestras familias: el hermano hombre puede estar hasta tarde fuera de casa pero la mujer no, u otra frase común es “que le sirva de comer tú hermana no tú (refiriéndose al hijo varón)”. 

En el contexto actual se ha visto un cambio dentro de la estructura social y económica, se ha generado una mayor demanda y oferta de la contribución de la mujer en el ámbito profesional y se ha visto el aumento de la emigración del campo a la ciudad dando paso a que se desarrollen profesionalmente y se ocupe a las mujeres fuera del área doméstica, pero en este sentido seguimos teniendo las mismas obligaciones y responsabilidades dentro de la familia y la sociedad.

La equidad y el empoderamiento van de la mano, no se puede hablar de empoderamiento sin mencionar a la equidad de género. Por lo que se busca que la palabra equidad no sea un referente de burla, por ejemplo, cuando una mujer toca un tema de equidad los hombres responden cosas como: “Si quieres equidad carga el garrafón de agua”, también solemos utilizar la palabra igualdad como sinónimo de equidad.

Cuando hablamos de equidad de género, nos referimos a la justicia y al mismo trato entre mujeres y hombres teniendo los mismos derechos y obligaciones, pero sin dejar atrás las mismas oportunidades laborales.

Es en este México donde se necesita vivir sin la mujer para que vean y admiren todos los trabajos y esfuerzos que nosotras vemos como un acto cotidiano y que buscamos el respeto y sentido de pertenencia en la sociedad, es el mismo México donde las mujeres vemos al trabajo como una fuente de autonomía e independencia económica.

En el mayor de los casos las mujeres que sobresalen son porque les ha costado el triple del esfuerzo que a los hombres, debido a que sólo optan por velar por su trabajo y objetivos y pocas logran combinar a la perfección su desarrollo profesional y la familia. En estos últimos años se han incorporado más las mujeres a un mercado laboral, pero existen aún limitaciones y discriminaciones salariales al igual que la segmentación donde los hombres ocupan puestos gerenciales o que lideran grupos y las mujeres son subordinadas y no tomadas en cuenta.

Se necesita el empoderamiento urgente de las nuevas generaciones donde no existan limitantes o estereotipos que nos encasillen y no podamos elegir. Se dice fácil “empoderar” pero es complicado cuando tienes una sociedad cegada y negada al cambio.  Una sociedad que tiende a juzgar antes de ayudar.

Empoderar a las niñas es la tarea que todos necesitamos tener y ser responsables. Se necesita un México con una visión al futuro. Se necesitan más mujeres comprometidas con las mismas mujeres, mujeres comprometidas con la sociedad, con la docencia, con el sector empresarial y que exista una participación valiosa en la política. 

Se necesitan mujeres liderando grupos de opinión, estados y países. Se necesitan más reconocimiento a las mujeres científicas, a las investigadoras y a las del sector comercial.

Se necesitan y se busca que las mujeres apoyen mujeres ya que nosotras somos tomadoras de decisiones en cada uno de nuestros hogares, prediquemos con el ejemplo y mostremos nuestros superpoderes.

 

Florencia Catalina Maliachi, Consultora Política, Internacionalista, Empresaria

@florMaliachi / www.florenciamaliachi.com

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