En las dos entregas previas destacamos la importancia de la innovación en todos los ámbitos de nuestro desarrollo, y particularmente señalamos la importancia de hacerlo en la forma en que nos preparamos para los retos del futuro.

Tenemos que innovar, pues no es un secreto que la manera en que se producen los bienes y servicios está cambiando a ritmo acelerado, y con ello las habilidades requeridas para ser productivos. Por esto, dedicaremos este artículo y el siguiente a reflexionar sobre el nuevo entorno laboral.

Desde la gran recesión de 2008, con todo y la tendencia mundial hacia la automatización en manufacturas, el empleo se ha recuperado de manera sostenida. De un 6.2% en 2009, el desempleo a nivel global ha bajado hasta 5.8% en 2017, muy cerca del mínimo de los últimos 40 años.

En 2017 la tasa de desempleo en México terminó en su nivel más bajo en 13 años, y la proporción de empleos formales entre el total de la Población Económicamente Activa es la más alta de la historia. De igual forma en las cuatro mayores economías desarrolladas, EU, Japón, Alemania y Reino Unido la tasa de desempleo está en mínimos de décadas, o muy cerca de ellos.

Estas cuatro economías se caracterizan por tener procesos de producción altamente robotizados en sus industrias manufactureras, y hasta ahora el temor de que la automatización nos esté llevando a un futuro sin necesidad de mano de obra no se ha materializado.

Frente a la realidad del desplazamiento de algunos puestos de trabajo debido a la automatización hay fuerzas tanto demográficas como económicas que actúan en sentido opuesto, inclinando la balanza hacia un menor desempleo.
En primera instancia, la población global está envejeciendo y su ritmo de crecimiento es cada vez menor, lo que implica que el número de personas que ingresan a la PEA disminuye cada año. En Japón, una de las poblaciones más envejecidas, cuyo PIB crece a un ritmo más lento, y con uno de los índices más altos de robotización en su industria, el desempleo es inferior a 3%.

Aunque en lo inmediato un robot o computadora puede desplazar mano de obra humana, la tecnología vuelve más productiva a la fuerza laboral de una economía, y es precisamente el aumento en productividad el principal incentivo para generar más empleos.

A mayor automatización, mayor es la productividad de cada trabajador y mayores sus posibilidades de tener un mejor ingreso, lo cual a su vez incentiva un mayor consumo que, en el agregado, genera un mercado más amplio, mayor producción y, de nueva cuenta, incentivos para generar más puestos de trabajo.

Desde 2008 los países que despliegan un mayor número de robots, como Alemania, Japón y Corea del Sur, son los que han experimentado un mayor crecimiento en el número de puestos de trabajo.

Enfocarse en los efectos negativos de la tecnología y la competencia, no permite ver todo lo que generan campos que requieren creatividad, habilidades motoras complejas o lingüísticas que no poseen los robots, como programación, cuidado de la salud, jardinería, enseñanza, entre muchos más.

Estos nuevos requerimientos pronto hacen surgir oportunidades y espacios de empleo que no son rápidamente detectadas y aprovechadas, generando frustración, lo cual es un problema que abordaremos en la segunda parte.