El conteo final para terminar el año ha iniciado, menos de una semana queda de este terrible 2020 para muchas personas y familias que han sufrido, no sólo en lo económico, sino también en lo emocional por la muerte de seres queridos. La actual pandemia ha mostrado la incapacidad del Gobierno federal para organizarse correctamente para evitar mayores daños. Basta decir que la semana anterior los datos que el subsecretario de salud presentaba sobre los muertos y contagiados en la Ciudad de México no coincidían con los que presentaba sobre el mismo tema la autoridad local. Lo malo del caso es que tuvo que ser un medio de comunicación de Estados Unidos quien hizo el pronunciamiento, ocasionando una ola de acusaciones muy dudosas de parte del Gobierno. Finalmente, la Ciudad de México volvió al indicador rojo hasta el 10 de enero del 2021, en la época de mayor necesidad de apertura económica. Se dice que se dejarán de percibir 49 mil millones de pesos por este cierre.

Lo anterior se menciona como común denominador de todo lo que lleva la contingencia sanitaria, mensajes propagandísticos que buscan cuidar la imagen del Presidente y su grupo más que informar a la población sobre los hechos para que se mantenga el bienestar. Da la impresión que México tiene un sistema político en campaña política permanente. Habrá que olvidar dos años de Gobierno federal, sin importar la razón, sin crecimiento económico, sin datos o información adecuada para cuidar la salud de los mexicanos, sin certidumbre para poder planear el futuro. Hay que olvidar que no hubo rumbo económico, pues se niegan apoyos para la empresa para mantener el empleo, pero se dan dádivas a los desempleados. No hay que olvidar que van más de un millón 335 mil contagiados y 120 mil muertes, que multiplicados por tres, según los expertos nacionales y extranjeros, nos da la cifra real.

Para el olvido que este año ha roto récords de violencia, a pesar del encierro. Esta es la otra pandemia que azota a México, pero que no empezó este 2020, sino desde hace años. Se consideró parte de la sociedad y se aprendió a vivir con ella con la esperanza de que los abrazos pudieran acabarla. Nada más lejano de la realidad. De enero a junio se registraron 20 mil 494 homicidios dolosos, mientras que en el mismo periodo de 2019 fueron 20 mil 176. Datos más recientes sólo refuerzan el mismo argumento: el País vive un ciclo de violencia imparable, sin olvidar que estos números son bajo restricciones de movilidad.

Sin embargo, la otra violencia la que tiene que ver con la actividad cotidiana como por ejemplo, la persona que se estaciona en doble fila, la persona que va tarde y diciéndole groserías a los demás porque “estorban”, la que no hace fila por ser importante, es la que también flagela a la sociedad mexicana. La violencia en este país parte del egoísmo, donde la importancia personal es mayor que la importancia del grupo social. Los corruptos piensan en su enriquecimiento personal, sin pensar en el daño que hacen a los demás. Para ellos los demás no importan, el exgobernador de Veracruz así lo demostró, y otros “ex” de cualquier cargo público que pasarán a la historia como verdaderos ladrones. Hay que olvidar el egoísmo y pensar en los demás. Los políticos no podrán cambiar nada si la propia ciudadanía no lo hace. Sentir que se tiene “suerte” porque se encontró una cartera o un celular olvidado de alguien más que pasará un mal momento, es muestra de la corrupción que hay en la sociedad.

Hay que olvidar que este año desaparecieron más de un millón de empresas porque de lo contrario no podremos dormir. Algunas de ellas iban a desaparecer de todas maneras por obsolescencia, falta de productividad o mal manejo. Lo importante aquí es que muchas otras tenían una buena probabilidad de subsistir, si hubieran recibido un apoyo gubernamental. Muchas personas dicen que fue una buena decisión porque así no se desperdiciaba el dinero en hacer a los empresarios más ricos. Sin embargo, este no es un argumento correcto. Este simple hecho transformó el ambiente económico de una manera muy importante y no se le ha dado la relevancia correcta que tiene. Para empezar, la muerte masiva de empresas genera concentración mayor de la riqueza a nivel de los empresarios que sobreviven pues tienen menos competencia. La tendencia de largo plazo es la creación de monopolios que no favorecen el crecimiento económico. También disminuye el empleo, ya que empresas de mayo tamaño generan economías de escala que producen más con menos (productividad). Lo más impactante para el mercado es que los precios suben, ya que al haber menos empresas, en el corto plazo los precios suben, y así tenemos que los precios en los supermercados han subido en un 30 por ciento cuando menos de enero a la fecha. Cualquier ama de casa lo puede verificar. Se podrán olvidar las muertes de las empresas de este año, pero sus consecuencias seguirán aquí por largo tiempo.

El 2020 será recordado como un año de pérdidas, de seres queridos, de empresas, de empleos, de instituciones. A pesar de lo anterior, el sistema económico ha resistido el embate de la pandemia, y como en toda situación, hay ganadores y perdedores. Hablar del siguiente año no tiene sentido si no se tienen esperanzas como las vacunas para terminar con la pandemia, un gobierno fuerte, no militarizado, que haga valer el estado de derecho para evitar tanta violencia y muerte, un esquema económico planeado no basado en ocurrencias cotidianas, pero lo más importante, una sociedad que deje su egoísmo para dar paso al concepto de país que se necesita ahora. Hasta para morir, los datos son importantes.