Estudio aparte merece el PRI Coahuilense, su propio volumen completo cuando se escriba la Enciclopedia Temática del PRI: Un Siglo de Ignominia y Crímenes Contra la Humanidad, en 23 tomos.

¿De qué estoy hablando? 

El Revolucionario Institucional en nuestro Estado no sólo es la síntesis, sino también la versión perfeccionada en chiquito del fenómeno que a gran escala llegó a ser el tricolor en la vida nacional.

Pero Coahuila jamás ha conocido el significado de alternancia. Nunca el PRI ha soltado las riendas del Poder Ejecutivo en el Estado, lo que significa que no ha existido otra fuerza hegemónica. Podrán surgir grupos de poder en pugna al interior del PRI y cada gobernador privilegiara a uno u otro, o se pondrá creativo y fabricará a sus propios engendritos. ¡Gracias, a propósito, por eso, Enrique Martínez, HDTPM (**Hoy Dios Te Premiará Mucho)!

Y no sólo nunca hemos conocido otra forma de amar que la que nos ha enseñado el RIP, sino que históricamente acapara todos los ámbitos de la vida pública, la Santísima Trinidad del Poder -Ejecutivo, Legislativo y Judicial-, además de órganos electorales, derechos humanos, fiscalías, instituciones educativas superiores, institutos supuestamente autónomos como el de transparencia o combate a la corrupción (¡no se rían, no sean cabrones!), cámaras empresariales y de comercio, sindicatos y los que se me puedan estar escapando. Control total y absoluto, igual que el viejo PRI nacional de antaño hizo en todo el País; o bien, como Morena y AMLOVE están haciendo en esta nueva página que hoy escribimos y que cada día se parece más y más a la que se supone le habíamos dado ya la vuelta.

La pequeña diferencia con el PRI nacional es que, a diferencia de aquel que está totalmente disminuido, que perdió todas las gemas del poder y que se encuentra acéfalo, en su expresión local en cambio el tricolor está sano -qué digo sano, ¡sanote!, robusto, vigoroso- permanece invicto y lo más importante: Retiene con mano firme todo el cableado de la vida pública.

Tan es así el control del PRI Gobierno sobre todo lo que se mueve, vuela o se arrastra por estas áridas tierras, que también tiene dominio sobre la oposición -su supuesta oposición.

Es hora de dejar de hacernos mensos, la oposición no existe en Coahuila. No existe un solo actor u organización que le haga contrapeso al Ejecutivo y ciertamente no tendría por qué ser Acción Nacional que hace tanto cedió a las tentadoras apetencias del parásito come-cerebros de la corrupción.

Y ojo, no estamos diciendo que antes fuesen un dechado de virtudes, no. Sólo que antes peleaban honestamente la elección, buscaban genuinamente ganarla para sí, lo que de haberse logrado no hubiera solucionado mágicamente nuestros problemas, pero nos habría dotado de una muy saludable alternancia, que con algo de suerte pudo prevenir catástrofes como el Moreirato.

Hoy en día el PAN es comparsa del Poder, un patiño, un sparring para que el poder monte toda la pantomima de que en efecto hay una disputa electoral, pero no hay sino sucesiones designadas por el monarca. El PAN solo es el equipo de los Generales de Washington, que están allí para lucimiento de los Harlem Globetrotters, sí sabe a lo que me refiero.

Con mayor impudicia, desde el ascenso de la 4T, los panistas de Coahuila se olvidaron por completo de cualquier problema de la agenda local y, postrados ante el Gobernador, se olvidaron de la existencia de él, para volverse totalmente reaccionarios y contestatarios contra el viejito cotonete cabeza de Presidente al que conste, considero una auténtica desgracia como Jefe de Estado -lo menciono para que no piense que me mueve un sentimiento chairo. PRI, PAN, Morena y demás tumores son igual de nocivos, aquí sólo analizamos en qué forma lo es cada uno, respectivamente.

El PAN se olvidó de que hay un Gobierno Estatal con un millón de fallas y omisiones y con un pasado reciente muy oscuro, se olvidó de que hay una mafia Moreira, se olvidó de que hay una megadeuda que siguen sin esclarecerse. Todo se volvió el Peje (pobres ilusos, el macuspano apenas y reacciona ante los detractores de corte nacional y estos güeyes piensan que se va a mortificar por lo que un diputadete coahuilense tenga que decir).

El tal Marcelo Torres Cofiño perdió la oportunidad Histórica de ser el primer presidente del Congreso de un partido “de oposición” o dejémoslo, en no priista. ¿Y a qué se dedicó el muy ingenuo, en vez de pugnar por los problemas locales? A dejarse retratar por los diarios locales como el bueno de la película por cuestionar a AMLO -y el viejito ni por aludido-. Y lo peor es que Torres Cofiño se la creyó. Creyó que eso le valdría credibilidad y abonaría a su causa y a la de su partido, el PAN. Y allí tiene sus ganancias: Una colección de derrotas, una madriza electoral como pocas, aunque ya las va acumulando. ¡Felicidades, por asnos!

¿Es el PAN ingenuo y torpe, o vil y perverso? Ambas: Su pobre militancia lo intenta, algunos de sus candidatos se inmolan por sus creencias e ideales, ajenos a que sus líderes y dirigentes los vendieron a cambio de prebendas hace muchas lunas.

La visión del pobrecito PAN, disminuido, vapuleado, derrotado es incompleta y nunca reflejará la verdad histórica si no atendemos también a la versión del PAN fingido, mula, doble cara, hipócrita, vendido, inmoral, comparsa, envilecido y tan corrupto como su amo, mismo que le acaba de pagar con una patada en la cola.