Desde la elección presidencial de 1992 no ha habido otra elección en Estados Unidos tan importante para México como la que tendrá lugar el próximo noviembre. Cuando el demócrata Bill Clinton ganó la elección en 1992, se había negociado y firmado ya el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y estaba pendiente su ratificación en el Congreso. El presidente republicano George Bush había perdido la elección y había incertidumbre sobre la posición que adoptaría el nuevo presidente demócrata. Sin embargo, Bill Clinton entendió la importancia del Tratado y empeñó su capital político en la ratificación del acuerdo firmado por EU, Canadá y México.

La encrucijada de la elección presidencial y legislativa de 2016 es distinta, pero igualmente importante. La inmigración ocupa un lugar central. La política migratoria de EU no funciona, y durante las dos últimas administraciones hubo consenso en ello. Sin embargo, fracasó primero la iniciativa bipartidista encabezada por dos senadores, el republicano John McCain y el demócrata Ted Kennedy, durante la presidencia de George W. Bush. Conservadores republicanos la echaron abajo y el asunto quedó pendiente, para ser abordado durante la presidencia de Barack Obama. La política se polarizó en el Congreso y los republicanos bloquearon toda posibilidad de una reforma migratoria. De manera que el otro tema de interés para ambos países en noviembre de 2016 es la política migratoria, la reforma estancada y pospuesta durante los últimos 20 años y tres gobiernos.

El asunto no es menor, si se considera que alrededor de 12 millones de indocumentados (la mayoría mexicanos, mas de 6 millones) viven y trabajan en EU. Se pone el acento en que entraron sin papeles, sin autorización, y se les llama “ilegales”. Lo que no se dice es que si cruzaron la frontera es porque había ofertas de trabajo y tampoco se dice que su trabajo ha contribuido de manera muy importante a la economía estadounidense. Donald Trump afirma insistentemente que los expulsará a todos, a 12 millones, ¡inimaginable!

Este problema no resuelto ha sido utilizado electoralmente por el candidato republicano Donald Trump, para despertar odio, descalificar, agredir verbalmente e insultar a los inmigrantes latinos, y en particular a los mexicanos, de quienes ha dicho que son ladrones, violadores y narcotraficantes. Para llevar adelante una política electoral que divide y confronta y que tiene ya repercusiones preocupantes. Como aquellos gritos entre sus simpatizantes en los que se escucha “build the wall” “kill them all”. “Construyan el muro”, “mátenlos a todos”. ¡Gravísimo el odio que genera Trump!

Uno de los temas más candentes ha sido el de los jóvenes dreamers, que llegaron a Estados Unidos indocumentados con sus padres, siendo niños, que estudiaron, hablan un perfecto inglés , se han integrado… Pero que no tenían derechos mínimos a estudiar como residentes y a no ser deportados. Una crisis enorme se desencadenó en las universidades después de que los republicanos en el Congreso echaron abajo la llamada Dream Act. En 2012 el presidente Obama expidió una Orden Ejecutiva a través de la cual se difirió la acción de posible deportación de estos jóvenes y se les otorgó el derecho a estudiar y trabajar. Esa orden, conocida como DACA, por sus siglas en inglés, ha dado oportunidad de estudiar y trabajar a 820 mil jóvenes. Los candidatos a la Presidencia se han pronunciado ya. Hillary Clinton extenderá el DACA, mientras que Donald Trump ha afirmado y gritado reiteradamente que lo cancelará. Pueden hacerlo, de llegar a la Presidencia.

Donald Trump va también en contra del libre comercio que tantos beneficios ha representado primero para EU, pero también para México. Se dice que sus empresas trabajan con China y otros países. Por su parte, Hillary Clinton es muy posible que pretenda introducir algunos cambios al tratado, sin oponerse al mismo. No es aislacionista y entiende la importancia que tiene los tratados internacionales. El vociferante Trump no.

Finalmente, no se puede dejar de mencionar la enorme crisis a la que ha llevado al Partido Republicano el candidato Donald Trump, que se va quedando atrás. Una ola de republicanos ha abandonado al GOP por la postulación de Donald Trump, por su política de la ignorancia y la confrontación, por ir en contra de las políticas de su propio partido, por veladas sugerencias de un asesinato contra la candidata demócrata, por acusaciones absurdas contra el presidente Obama. Cientos de destacados republicanos han hecho público que no votarán por Trump, muchos votarán por Hillary Clinton según señalan diversos diarios estadounidenses.

Enriqueta Cabrera

Periodista y analista internacional