Esa también fue nuestra sonrisa. / Foto: Internet.
El segundo capítulo de la última temporada un punto de descanso, de memorias y de preparación para la gran batalla que se viene

Con una temporada de sólo seis capítulos, el de este domingo pareciera que fue sólo relleno, con más reuniones, preparativos y momentos emotivos y tranquilos, en medio de una historia que está por llegar a su final y que parece que no tendrá tiempo suficiente para dar una conclusión satisfactoria.

Sin embargo, ante el frenesí que se viene, la gran guerra contra los Caminantes Blancos y lo que sea que suceda después con Cersei y la cuestión política de los Siete Reinos, esta resultó ser una muy buena entrada en la serie.

Primero que nada porque por fin Brienne consiguió su más anhelado sueño: ser un caballero.

Muchos tal vez habíamos olvidado que ella, oficialmente, no ostentó nunca tal título. Es una lady, porque pertenece a la casa Tarth, pero una mujer no puede ser caballero, sin embargo esto cambió con la ayuda de Jaime durante una de las mejores escenas (hasta el momento) de la temporada.

Mientras esperan la llegada del alba, y con él al enemigo, Tyrion, Pod, Brienne, Jaime, Davos y Tormund conversaron sobre su pasado frente a la chimenea del salón de Winterfell, cuando el salvaje sacó a relucir el tema y Jaime, recordando que en su calidad de caballero tiene la facultad de nombrar a otro igual, concedió su deseo a la guerrera, ante los emocionados aplausos de Tormund y los presentes.

Esta fue probablemente una muestra de agradecimiento luego de que fuera ella quien intercedió ante el consejo de Winterfell, liderado por Danaerys y Sansa, ambas furiosas por la manera en que traicionó a sus padres, lo que le permitió conservar su vida; al menos por el tiempo suficiente antes de que lleguen los Caminantes Blancos.

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Pero como fue prometido al final del capítulo pasado, el encuentro entre Jaime y Bran, terminó rápido y sin aspavientos, cuando el joven Cuervo de los Tres Ojos perdonó la acción del hombre de la mano de oro pues entiende que lo estaba haciendo para proteger a su familia y porque sin tal acto él no se habría convertido en lo que ahora es.

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Otro de los encuentros más aplaudidos fue la escena de sexo que compartieron Arya y Gendry cuando este le entrega el arma que ella le pidió que hiciera el capítulo anterior. Desde entonces se había mostrado la química y tensión sexual entre ambos, pero luego de que él, cuestionado por la asesina, contara su experiencia con Melisandre y revelara su estatus como bastardo de Robert Baratheon, sin meditarlo mucho Arya se lanzó a sus brazos para probar la experiencia al menos por una vez antes de que no haya otra oportunidad.

Sansa, por su parte, también nos hizo llegar al borde las lágrimas cuando Theon llegó a pedir el perdón y su parte en la defensa de Winterfell. Tras ser él quien la protegió y rescató de Ramsey en la temporada 5 y 6, el abrazo con que lo recibió lo sentimos todos como una de las más cálidas bienvenidas de estos dos primeros episodios.

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Por el contrario, luego de recibir consejo de perdonar a Tyrion por errar al decirle que Cersei los ayudaría en la guerra contra los muertos por parte de Jorah Mormont, Danaerys acepta establecer una mejor relación entre ella y la señora de Winterfell.

Todo parece ir muy bien y hasta la reina Dragón le asegura a su anfitriona que está enamorada de su medio hermano (que en realidad es su primo), pero cuando Sansa, preocupada por los intereses de su gente, menciona la posibilidad de que una vez que el Trono de Hierro esté en manos de la Targaryen el Norte pueda recuperar su autonomía, propuesta que provoca un cambio de actitud en Dany, dispuesta como siempre a conseguir sus Siete Reinos.

Otros de los tiernos encuentros fueron entre Missandei y Greyworm, quienes se sienten completamente extranjeros en esas tierras, en especial por su color de piel, y prometen huir a la isla de Naath, de donde ella es, una vez todo esto termine.

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También Davos tuvo su momento cuando, mientras servía estofado a los nuevos reclutas que apoyarán a las otras tropas, una pequeña niña se acerca, con la cara cicatrizada (como la princesa Shireen, a quien perdió ante las llamas de sus padres), huérfana de soldados y determinada a pelear. Consciente de que no tiene ni la estatura ni la fuerza para plantear batalla en el campo pero sin ánimos de menguar su espíritu la convence de ir a las criptas con el resto de niños y mujeres a defenderlos y, orgullosa, acepta la propuesta.

Antes de que terminara el episodio también vimos a Sam encomendarle el uso de Heartsbane a Jorah Mormont (quien justo acababa de discutir con al señora de su casa, la impetuosa Lyanna Mormont, lista para la batalla), dado que él no tiene habilidades marciales para empuñarla como se debe contra los Caminantes Blancos.

Luego de un breve montaje con Pod cantando la canción Jeny de Piedrasviejas, en el que vimos a todos los personajes en los que podrían ser sus últimos momentos, llegamos a las criptas de Winterfell, donde Jon contempla la estatua de Lyanna Stark, quien ahora sabe que es su madre.

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Dany se acerca, luego de que todo el episodio él se alejara de ella, y cuenta la historia de cómo su hermano mayor Rhaegar, la violó, pero Jon la corrige y revela su verdadero origen. Ella, incrédula, lo cuestiona, y mientras más medita la idea más hostil se vuelve hacia él, pero antes de que algo más suceda suena el cuerno anunciando la llegada del enemigo.

No le cayó muy bien la noticia. / Foto: Internet.

Con un plan que implica usar a Bran como carnada para atraer al Rey de la Noche al Bosque de los Dioses y ahí matarlo (y con él a todo el ejército), sin mucha información más que tomas de los rostros de todos a la expectativa del inicio de la lucha en el adelanto de la próxima semana y luego de un capítulo que dedicado a recordarnos porqué amamos a estos personajes, hay que estar preparados para verlos morir muy pronto.

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