La juventud siempre se había definido como un período lleno de energía, vitalidad y lucha por la vida. Claro que los chicos de ahora se llenan de energía tomando bebidas energizantes y no por su naturaleza de ser jóvenes. Claro que los chicos se llenan de vida y lo hacen tomando grandes cantidades de alcohol para que tenga sabor la vida. Los jóvenes, con sus excepciones, dicen que solamente una vez se es joven y no quieren desaprovecharlo. Viven con plenitud, pero esto significa con excesos: fiestas, bebida, libertad, tecnología y dinero. 

Los excesos, tarde o temprano cobran su precio. Me llamó la atención la actitud de mis alumnos universitarios al regresar de las vacaciones de Semana Santa con un gran cansancio, apatía y poca capacidad de su aprendizaje. Se aplicó el examen de segundo parcial y el nivel de reprobación fue muy alto. Observé un gran agotamiento físico, cognitivo y emocional. Les pregunté su horario de sueño y la mayoría me comentó que se acostaron todos los días a las 2:00 ó 3:00 de la mañana, y se levantaban hasta después del mediodía. Les comenté que sabían que regresando de Semana Santa había exámenes y tuvieron que estudiar algo y su respuesta fue: “Maestro, son vacaciones. La universidad tuvo la culpa por poner exámenes inmediatamente después de las vacaciones”. Vacaciones significa descanso, recuperar energía y un cambio de horarios, pero no significa “orgía o libertinaje”. 

Entiendo que las vacaciones o el fin de semana es un cambio de rutina, pero tiene un objetivo muy importante: recuperar fuerzas para seguir nuestro trabajo, pero parece que es lo opuesto. Los jóvenes se llenan de actividades o excesos y acumulan demasiado peso en su vida. A una alumna le pregunté el por qué de su calificación tan baja en examen y me contestó: “Maestro, llegué un día antes del examen y no había terminado el trabajo, entonces lo pude acabar hasta las 4 de la mañana y no tuve tiempo de estudiar mucho, y dormí muy poco”. Los jóvenes se llenan de muchas cosas, algunas de ellas importantes y otras no tan importantes, pero les dan el mismo valor. Se saturan y vienen como consecuencias problemas de ansiedad, miedo, ataques de pánico, agotamiento, apatía y poco aprendizaje. No tienen la capacidad de jerarquizar lo esencial de lo superficial de la vida. Cuando fui estudiante universitario trabajé como maestro de secundaria (tiempo completo) de 8:00 a.m. a 2:00 p.m., tenía un promedio de 27 horas clase a la semana. A las 4:00 p.m. iniciaba mis clases de universidad hasta las 9:00 p.m. Entre semana tenía dos horas “libres” para comer y realizar mis tareas como maestro y estudiante universitario. Entonces dedicaba el fin de semana a poder completar todo lo que no podía entre semana. Al finalizar mi carrera profesional terminé con un promedio de 9.63 y era considerado como uno de los mejores maestros de la secundaria. Estaba saturado, pero había orden en mi vida: en primer lugar, el estudio; en seguida, el trabajo, deporte, sueño y familia, y hasta el final la diversión.

Claro que salía con los amigos, pero respetaba lo que era esencial en la vida. Los muchachos se quejan de que hay demasiado estrés en sus vidas y quieren eliminar las cosas esenciales para tener más tiempo en lo superficial. Creo que debe ser al revés. Hagamos ver a nuestros hijos lo que es esencial de la vida y evitemos que se llenen de piedras pequeñas (poca importancia), porque cuando necesiten de piedras grandes (mucha importancia) ya no cabrán y estarán totalmente cansados para realizar actividades significativas para su vida. 

@JesusAmayaGuerr