En 1978, a una década de haber surgido el grupo “Viva la gente”, un reportaje publicado en España lo definía con estas palabras: “La sonrisa no los deja. Parece que una máscara se confunde con esas letras con las que pretenden ponerle música a la crisis: ‘Viva la gente / la hay donde quiera que vas’”.

“Viva la gente” nació con la idea de crear conciencia sobre la situación del mundo y hacerlo ver a través de mensajes optimistas entregados por sus centenas de integrantes que visitaban y se instalaban en hogares y escenarios de muchos países. El propósito de sus canciones, en un momento de histórico despertar juvenil, instalado luego de la incertidumbre provocada por la posguerra y una que parecía inacabable guerra en Vietnam, en medio de la guerra fría, llevaba al mundo un canto de esperanza. Veinte millones de personas en más de 50 países del mundo asistieron a sus actuaciones, además de haberse proporcionado millones de horas de servicio comunitario.

En total había más de 400 mil familias anfitrionas que tenían en sus hogares a miembros de esta organización, muchachos principalmente de entre 18 y 29 años, fundada por Blanton Bleck para demostrar que “los jóvenes tienen buenos sentimientos y son generosos”.

Viene el recuerdo de este grupo al reflexionar precisamente en las palabras del reportero que lo define: “poner música a un tiempo de crisis”. La música, la amiga, la confidente, la acompañante sin exigencia y con la que cada uno escribe su propia historia.

En momentos de crisis en que la humanidad se coloca un mismo manto, ahí está la música para ser su camarada.

En 1985, la pieza “We are the world” también unió al planeta en un canto de solidaridad. Escrita por Michael Jackson y Lionel Richie, la grabaron músicos famosos, destinándose los recursos obtenidos dentro de una campaña humanitaria para terminar la hambruna que asolaba Etiopía. Entrañable su letra, plantea en su inicio: “Llega un momento en el que / prestamos atención a un determinado llamado, / cuando el mundo debe unirse como uno. / Hay personas muriendo. / Oh, y es hora de echar una mano a la vida. / El mejor regalo de todos”.

Sus líneas invitan a pensar que no podemos fingir en que alguien, más adelante, hará el cambio: “Somos el mundo, / somos los niños, / somos los que hacemos un día más brillante, así que comencemos a dar, / hay una elección que estamos haciendo. / Estamos salvando nuestras propias vidas”.

Deteniéndonos en esta última línea, salvando nuestras propias vidas, hacemos un enlace a la música que ahora, hoy por hoy, en medio de una pandemia mundial, también pide pensar en los demás. Hay una canción que grabó Alberto Vázquez y que vuelve al sustantivo “gente”, para agradecer al sector salud, pero también pensaríamos en todos aquellos que participan conjuntamente para ayudar a unos y a otros en este momento. Dice a la letra el estribillo: “Gente que ama, / gente de paz, / gente que piensa en los demás. / Gente que muere día tras día en un ideal arriesgando su vida por salvar la tuya y la mía”. Es gente, dice, “corazón, que no se compra con treinta monedas ni se vende al mejor postor”.

La pandemia ha traído un sinfín de manifestaciones de los músicos, a las cuales nos hemos podido asomar gracias a la maravilla del internet. Músicos de aquí, nuestro Saltillo, estado y País, así como de otras partes del mundo tan próximos a nosotros como lo está el celular o la computadora, y de ellos las piezas que han invitado a soñar en el mundo posible –que disfrutábamos sin apenas darnos cuenta–, cuando todo esto acabe: “Volveremos a abrazarnos, / volveremos a brindar... Y después de pasar la cuarentena / habremos hecho un puente que unirá. / Mi puerta al empezar la primavera. / Y la tuya, que el verano me traerá”. Y entre tanto, el otro canto: “Resistiré”, este de orden individual, pero igualmente de promesa ante lo que depare el futuro.

“Resistiré, erguido frente a todo. / Me volveré de hierro para endurecer la piel. / Y, aunque los vientos de la vida soplen fuerte, / soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie”.

Cantos de esperanza: poner música en medio de la crisis.