Usted recordará a los vecinos de los Picapiedra.

No, no me refiero a los Mármol. Aunque es lógico que haya pensado primero en ellos, Pablo y Betty, los cuchi-cuchi.

Pero yo quería hablar de sus otros vecinos, al otro lado de la calle, los Horrísono (“the Gruesomes” en la versión original).

Quizás tenga que forzar un poco más la memoria, porque ya no es trivia de principiante aunque tampoco es nivel experto. Pero los Horrísono era una familia de seres extravagantes (y verdes) con una notable inclinación por lo tétrico.

Lugubrio y Horripila Horrísono eran una aproximación a los Addams, un funesto pero feliz matrimonio, sólo que del cuaternario. No eran hostiles, en absoluto. Hasta eso, eran por demás amables y hospitalarios, pero su simple naturaleza espeluznaba.

Por ejemplo, tenían una tarántula gigante y una planta carnívora como mascotas, para horror y desazón de su vecino, el pobre Pedro Picapiedra, al que le costó trabajo saber apreciar la nobleza interior de los Horrísono.

La serie animada tuvo después variaciones de esta familia, primero los “Creepleys” y más adelante los “Frankenstone” o “Frankenpiedra”.

Los personajes variaron, pero la fórmula para detonar la comedia fue siempre la misma: las vicisitudes derivadas de tener como vecinos a una tropa de monstruos.

Ahora… ¿a qué venía todo esto?

¡Ah, sí!: Como saltillense, como coahuilense, como norestense, me doy cuenta sin gran sorpresa, pero sí con mucha tristeza, de que tenemos por vecinos algo mucho más tétrico, sombrío, macabro y aterrador que los Horrísono, los Creepleys y los Frankenpiedra juntos.

Nuestro vecino incómodo se llama Nuevo León.

¡Hey! ¡Calma todos, por favor! ¡Relájenseme mucho! No es esto una invectiva de corte regionalista para meter a toda la población de una entidad en un mismo saco y pegarles un rótulo condenatorio.

Cuando describo así al hermano y otrora Nuevo Reino de León, me refiero a la imagen que proyectó luego de que su Congreso aprobase una ley que permite a médicos y profesionales del área de la salud negar sus servicios a diversos sectores, aduciendo objeción de conciencia.

Así es, la atención médica (que yo tenía entendida como un derecho humano universal, elemental e inalienable) se le podrá regatear legalmente en Nuevo León a personas gay, pacientes con VIH, ¡indígenas! (¡WTF, Nuevo León!), migrantes y mujeres que busquen practicarse un aborto, bajo el argumento pendejo de que estas personas desafían sus creencias morales o religiosas.

Una vez más: ya sé que no es la totalidad de los neoloneses la que respalda esta iniciativa, pero sí es la impresión que dan al mundo luego de permitir que sus “representantes” aprueben esta aberración que contradice los preceptos fundamentales de cualquier nación que se presuma libre, democrática y fundada en el principio de la igualdad de todos los seres humanos.

¡Qué verguenza, NL! ¡Qué sopor y qué bochorno!, dijo el Piporro. Pero no es sino una caterva de malparidos la que se atrevió a votar así en nombre de todos, en contra del derecho humano y la razón.

Sinceramente no creí que viviría para ver leyes que hicieran ese tipo de distinciones entre los individuos: distinciones de orientación sexual, de género, ¡étnicas! ¡Nmms, NL! ¿Qué sigue? ¿Negarles el derecho a la educación?

Bueno, tampoco creí en su momento que Donald Trump fuera a ganar la Presidencia en EU con un discurso tan absurdo, anacrónico, intolerante y pendejo. Pero ya vimos que sí y ahora, gracias a un hato de cretinos de mayoría panista (lo que nada me sorprende), Nuevo León está en la misma liga que la Casa Blanca. ¡Felicidades…?

Sepan que la objeción de conciencia se interpone por causas más elevadas, como evitar ir a una guerra. Lo de ustedes, diputados neoleoneses y quienes los respalden, es pura y vil discriminación y se le llama prejuicio.

Si en ese plan nos vamos a poner, espero pronto la sociedad les regrese el gesto a estos diputados y podamos luego negarles a ellos la venta de alimentos, el derecho a trabajar o a la libre expresión nomás por ser panistas, aduciendo la misma objeción de conciencia.

Aunque la verdad mejor preferiría que los neoleoneses hagan pronto algo para meter en orden a sus legisladores, que ya los dejaron terriblemente parados como un Estado de intolerancia y retrógrado en pleno siglo 21. ¡Y se suponía que los mochos éramos los saltillenses, pero ahora sí nos dejaron perplejos y lo que le rima!

En serio, hagan algo porque desde aquí, como vecinos, los estamos viendo como los Picapiedra a los Horrísono.

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