En todo el mundo la pandemia actual ha provocado reducción de la producción y de inversión fija, así como debilitamiento de redes de creación de valor y distribución de bienes y servicios; la caída del Producto Interno Bruto en el año 2020 ha sido diferenciada, así en China el producto se ubicó en  2.3% —el más reducido en más de 20 años—, en Estados Unidos menos -3.5, en Europa  -6.8% negativo y América Latina en -14%; México no fue la excepción y la caída fue de -8.3%. 

Esta reducción natural de la actividad económica afectó naturalmente los ingresos de los gobiernos, sin embargo, la eventual reapertura de las actividades económicas, aún con restricciones, y la aplicación periódica de la vacuna ya han generado expectativas positivas.

Exceptuando las condonaciones y devoluciones de impuestos que no tienen sustento, el nivel y monto de los ingresos del gobierno mexicano son reflejo de la producción y distribución, es decir tanto de ganancias obtenidas, como del consumo dado un ingreso agregado de la población.

En nuestro país, en enero pasado los ingresos presupuestarios, respecto al mismo mes del año pasado, disminuyeron en 59 mil millones de pesos (mil mdp) con -12% en términos reales (descontando la inflación), resultando en 492.45 mil mdp, la peor caída desde 1993, según informó la Secretaría de Hacienda.

Los ingresos por exportación de petróleo disminuyeron 16% (menos 7.81 mil mdp) con un monto de 48.84 mil mdp; la captación de impuestos se redujo 5.8%  (menos 20.62 mil mdp), con monto de 355.56 mil mdp (IEPS 50.86 mil mdp, ISR 180.40 mil mdp e IVA 115.49 mil mdp).

Además, por depreciación del tipo de cambio, la deuda federal heredada creció 1 billón 72 mil mdp, con aumento de 9.6%, ubicándose en 12 billones 162.5 mil mdp (alrededor de 50% del PIB).

Ya se ha comentado que la economía mundial desde el año 2017 tuvo una tendencia negativa y que en 2019, con cambio de modelo económico, primer año el gobierno mexicano realizó ajustes al gasto federal para que, a partir del 2020,  se hiciera efectivo el efecto multiplicador de obras de infraestructura y el impulso del consumo a través de amplios programas sociales para fortalecer la demanda agregada; el resultado fue 0% de crecimiento en ese primer año de sexenio, en espera de incrementar la actividad económica en los cinco años posteriores. Sin embargo, la pandemia contuvo —o detuvo— los planes y proyectos de los gobiernos nacionales en todo el orbe.

Pero la perspectiva en este año 2021 es un poco más positiva y las proyecciones de incremento en el PIB van desde 3.8% a 6.1%, lo cual refleja que la reactivación económica ya está en marcha, aún que no se deben descuidar restricciones y medidas sanitarias personales y colectivas.

Pero desde otra perspectiva, según Hacienda, en el primer mes del 2021 los ingresos federales crecieron respecto a enero del año pasado: por petróleo se captaron 18.3 mil mdp más de lo presupuestado (total 34.81 mil mdp); los ingresos no petroleros captaron 17.20 mil mdp más de lo esperado (total 382.53 mil mdp). Este incremento muestra que la economía mexicana tiene ya una tendencia de recuperación, sin olvidar la perspectiva de un posible tercer rebrote del COVID-19.

Por la condición pandémica, el gasto en desarrollo social y económico concentró el 92.4% del total, con monto de 344.89 mil mdp (en salud el gasto fue de 38.70 mil mdp el primer mes del año), para “brindar protección a la población vulnerable y dar impulso a la actividad económica”.

Es obvio que medios de comunicación adversarios del gobierno federal sólo informaron de la caída histórica en los ingresos; informadores con más objetividad comunicaron descenso en dichos ingresos públicos, pero también incremento respecto a lo que se presupuestó para del primer mes de este año. Dos perspectivas… todo depende de la ideología y la posición política con que se observe la realidad.