Existe un grave problema de inseguridad en nuestro país, que a menudo se refleja entre la percepción y la realidad, entre la sensación de los ciudadanos y las cifras.

La percepción de seguridad en México se ha deteriorado y se va a deteriorar más todavía por tres causas: una estructural (el deficiente aparato de justicia), la altísima impunidad y las cifras.

En México la percepción de inseguridad aumentó a 74,6% en marzo de 2019 y se correlaciona con la curva de una delincuencia ascendente con máximos históricos: en el primer trimestre del año hubo 8,493 homicidios. A nivel global, México es el cuarto país con más impunidad con una calificación de 69.21 puntos. Está a la cabeza de  naciones más impunes en América, de acuerdo con el Índice Global de Impunidad México 2018 (IGI-MEX 2018).

Caso contrario es nuestra entidad, donde la percepción no está alineada a la triste realidad. En los primeros cinco meses del año, los asesinatos en Coahuila aumentaron 38 % con cifras de impunidad al alza (4.95 puntos), encontrándonos  en  la cuarta  posición entre entidades federativas con mayor impunidad con 77.88 puntos.

La percepción de inseguridad en la capital está medida por los resultados del vigésimo tercer levantamiento de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), realizada por el INEGI. Ahí Saltillo es la ciudad con menor percepción de inseguridad con 26.4%, seguida por San Pedro Garza García con un 34.5% y Mérida 38.5%. Sin embargo, aunque vivamos en una ciudad con la menor percepción de inseguridad, ésta la podemos ver materializada en todos lados  de nuestra ciudad  a través de una arquitectura del miedo que alienta a muchos a retirarse tras puertas cerradas, en ciudades cárcel o proyectos habitacionales herméticos, donde la libertad se sacrifica a cambio de la seguridad. Cada estrato de la sociedad se recluye en su propia ciudad, reduciendo así sus lazos sociales y creando una crisis en los espacios públicos.

Hoy en día nuestras ciudades están dejando de ser un refugio frente al peligro y, por el contrario, se van convirtiendo en su principal fuente. La vida de las ciudades va regresando a la que era en los antiguos pueblos de Mesopotamia, las  ciudades medievales y los pueblos nativos americanos, donde protegerse del peligro era uno de los incentivos principales para el establecimiento de nuevos asentamientos. Sus límites quedaban definidos casi siempre por grandes murallas o vallas, que  demarcaban la frontera entre el “nosotros” y “ellos”, el orden y la naturaleza salvaje, la paz y la guerra y ahora entre “residentes” y “visitantes”.

Además, la seguridad personal se ha convertido en un importante asunto  de venta, de estrategia  de marketing y en argumento para vender  la agenda política en las campañas electorales. Noticias y primeras planas en periódicos nos demuestran que las amenazas a la seguridad personal han pasado a ser un importante (quizás el más importante) elemento en las guerras de los medios de comunicación de masas por los índices de audiencia. La probabilidad de la cobertura mediática de un delito es proporcional a su perversidad y no a su frecuencia, impidiendo así que veamos y comprendamos la realidad.
Los espacios públicos están siendo reemplazados por áreas privadas con eventos temáticos y son considerados como zonas protegidas para algunos y excluyentes para otros. Son lugares hipercontrolados donde todo parece real en apariencia, cuando en realidad no lo es.

En fin, México pasa por un proceso de descomposición en su seguridad y su paz. Hoy ya no importa si esto fue heredado de gobiernos anteriores o si es producto de las decisiones de una nueva administración que parece no poder cumplir las promesas que hizo a sus ciudadanos de mantener a raya a los criminales. Más que la inseguridad per se, uno de los nuevos principios de organización de la gran ciudad contemporánea es el del temor a la inseguridad.

¿Qué resulta tan intimidante que nos hace olvidar la libertad detrás de nuestras murallas?¿debemos cerrar las puertas y los ojos para vivir el sueño del encierro o iluminar nuestros miedos  y enfrentar nuestra realidad?