Todo hace indicar que en unas horas México podría ingresar al deshonroso top five de los países con más muertos en el mundo, superando a España y a Francia

El director General de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió ayer que la pandemia provocada por el virus SARS-CoV-2 se encuentra lejos de su punto final, luego de registrarse oficialmente casi 10 millones y medio de contagios y haber superado el medio millón de víctimas fatales a nivel global.

“El virus tiene todavía mucho espacio para moverse. Todos queremos que esto termine, todos queremos volver a la normalidad, pero la realidad es que esto ni siquiera está cerca de terminar”, dijo el responsable de coordinar a nivel planetario el esfuerzo sanitario de contención del patógeno.

Las palabras de Ghebreyesus tan sólo sintetizan la idea que todos podemos desarrollar a partir de observar las gráficas globales de casos nuevos diarios, así como de víctimas mortales.

Tales gráficas, aunque parecían mostrar un comportamiento con tendencia a la estabilización –luego de lo cual era esperable observar un descenso– han vuelto a crecer de forma exponencial mostrando incluso que la propagación del virus está cobrando velocidad nuevamente.

En el caso del número diario de contagios, aunque las gráficas que muestran la evolución estadística de esta variable parecen detener su crecimiento entre principios de abril y finales de mayo, ha vuelto a dispararse durante junio, acumulando 4.15 millones de nuevos contagios en solo 29 días, es decir, el 40 por ciento de todos los casos oficialmente registrados.

Algo similar ocurre en el caso de los decesos: de 508 mil 228 que se contabilizaban anoche, al momento de redactar este reporte, poco más de 134 mil corresponden sólo al presente mes de junio, es decir, 26.4 por ciento del total o una de cada cuatro víctimas.

Lo peor de todo, para nosotros, es que Latinoamérica se ha convertido en el nuevo epicentro de la pandemia, pero con una agravante: el control sobre el fenómeno parece absolutamente perdido y los discursos gubernamentales no hacen sino incrementar el desatino oficial todos los días.

Brasil, México y Chile constituyen los focos más preocupantes para la OMS, pero claramente existen matices entre las tres naciones, sobre todo en el número de muertos y la velocidad a la que estos se acumulan: Brasil contabilizaba anoche poco más de 58 mil decesos y se ubicaba en el segundo lugar mundial en este rubro, mientras que México superó los 27 mil, muy lejos de Chile que rondaba los 5 mil 600.

En el caso de nuestro País, todo hace indicar que en unas horas podríamos ingresar al deshonroso top five de los países con más muertos en el mundo, superando a España y a Francia, países donde las gráficas de nuevos casos diarios y decesos muestran claramente que el pico de la pandemia ha pasado y que sus servicios de salud han ganado la batalla.

La estadística, fría y desprovista de prejuicios políticos o vocaciones ideológicas, ofrece pues, a cada momento, un veredicto contundente en contra de los discursos irrealmente optimistas e irresponsablemente triunfalistas: la pandemia no sólo está lejos de haber sido “domada”, como presume el presidente López Obrador, sino que lo peor aún podría estar por venir.