Labor. El altar es un trabajo donde cada participante creó una pieza única y maravillosa. Foto: Vanguardia/Federico Jordán
La pieza es la reinterpretación simbólica de una tradición y tiene variables
Somos artistas en una escuela de arte: desciframos, cuestionamos, creamos. Buscamos la poética”.
Federico Jordán, artista

Soy hombre de tradiciones. No existen los comienzos, creo en  la reinterpretación de lo que nos antecede.

Cuando la dirección de la Escuela de Artes Plásticas, Rubén Herrera, me invitó a planear un altar de muertos, su directora Ana Isabel Pérez Gavilán, sugirió: crear una instalación poderosa que incluyera a todos los miembros de la escuela y fuera ejecutada en un presupuesto limitado.

La solución culminó en un esquema donde cada alumno trabajó en libertad una pieza dedicada a rememoración de su difunto. Cada pieza fue colocada en las escalinatas ubicadas a la orilla del árido río que cruza el edificio de Artes. Algunos participantes grabaron un audio sobre su ofrenda que fue reproducido junto al montaje. Las piezas, el audio y el maravilloso espacio arquitectónico brindaron una infinita significación a la pieza. Participaron 120 alumnos, maestros y personal de la escuela pintando familiares, amigos, mascotas y personajes.

Sucesivamente se incluyó una procesión y la formidable instalación de flores colgadas en la bóveda a petición de dos alumnos: Rocío Miranda y César Sánchez.

La pieza fue presentada el pasado 30 de octubre y ha generado una interesante polémica inesperada en una escuela de Arte: ¿Por qué no se ha realizado una pieza tradicional como todos los años?

Esta pieza es la reinterpretación simbólica de una tradición, no intenta cambiarla. Tiene variables, elimina elementos. Somos artistas en una escuela de arte: desciframos, cuestionamos, creamos. Buscamos la poética.

No es nuestra la flor de cempasúchil, es más cercana la saxifraga que parte las rocas del desierto. No somos el centro de México, vivimos en la aridez. Somos norestenses, somos simples.

Pienso que lo peor que puede ser un mexicano, es querer ser mexicano. Todos los somos per se.  ¿Qué queremos? ¿Maquillarnos como calacas de Manila y usar vestidos del Siglo 19? ¿Crear papel picado con figuras que venden en el mercado? ¿Producir el mismo altar que la Escuela Normal?

Este altar colectivo es un ejercicio de honra la memoria de quienes no están, no intenta ser la unidad simbólica nacional, ni la representación tradicional. Es un trabajo donde cada participante ha creado una pieza única y maravillosa presentada comunitariamente con respeto.

En la contemporaneidad centramos nuestra producción en la poética detrás de los signos de la antropología y la psique social. En este montaje buscamos el brillo de la esencia de un altar, borrando la pretensión esteticista y enalteciendo la aridez de la ofrenda. Bendecir simbólicamente un sitio para el recuerdo.

Nuestros invasores reinterpretaron la tradición del viaje a Mictlán de los antiguos mexicanos para imponer una nueva ideología. Este altar no es imperativo, es simplemente la colección de piezas artísticas donde cada participante brille en su propia lexía en el arte.

El arte no es condescendiente y encuentra su riqueza en la pluralidad frente al mundo. Es importante la polémica que genere diálogo. La marginación a nuestras acciones son valiosas en la práctica en el arte: el amanecer existe frente al ocaso, la modernidad reemplaza lo arcaico. Siempre estamos en ese movimiento.

Una escuela de arte, nuestra práctica encuentra una verdad en el aforismo de Blake: «del agua estancada, sólo se espera veneno».

Puede apreciar la instalación y todas las imágenes en el álbum de fotografías en nuestra cuenta de Facebook de VanguardiaMx.

DATO

120 alumnos, maestros y personal de la escuela participaron en la creación del altar de muertos.

*Federico Jordán es catedrático de la Escuela de Artes Visuales. Es un prestigiado artista visual con más de 25 años de práctica en el campo de la ilustración.