La Constitución determina las funciones y servicios públicos que son competencia de los municipios; ejemplo la limpia, la preservación de calles, y el alumbrado público, todos competencia de la autoridad municipal; pero además, el 115 constitucional confiere atribuciones a los gobiernos locales en materia de seguridad pública tal y como aparece enumerada en el catálogo legal de servicios y actividades de las alcaldías.

En ese sentido, los municipios además de proporcionar aquellos servicios básicos, deben velar que la actividad social de la comunidad transcurra en paz, en orden y se salvaguarden la integridad física de las personas, así como la de sus bienes. Orden público y paz social, dice la Constitución.

La función de seguridad pública a nivel municipal, representa una alta responsabilidad, por ser las y los alcaldes la autoridad cuya cercanía con la población supone un conocimiento detallado del territorio, población, y de la actividad delictiva.

En términos rigurosos, las presidencias municipales requerimos de un conocimiento preciso de colonias, sectores y distritos que nos corresponde administrar; un conocimiento con enfoque microscópico.

El municipio de Guadalupe, en Nuevo León del cual soy presidenta municipal, posee una población de más de 700 mil habitantes que demandan una seguridad pública que les permita salir y volver a casa en paz y seguridad. Es una tarea permanente de mucho esfuerzo, dedicación, así como recursos humanos calificados y materiales puestos a trabajar a favor de la construcción de la paz y combate a la violencia.

Insertos en una zona metropolitana con otros nueve municipios, nuestro trabajo en seguridad pública empieza a dar frutos contra el robo a casa, robo a negocio, robo de autos; así como lesiones; observándose un cambio a la baja en la incidencia, como ocurre también en la violencia familiar, delito en el cual nos mantenemos por debajo de la media, representando este último un resultado valioso debido a los múltiples efectos negativos que este tipo de violencia genera en la sociedad; reafirmando nuestra convicción de que todo tipo de violencia debe ser combatida, porque toda violencia es perniciosa para la construcción y fortalecimiento de la comunidad.

Falta mucho por hacer y se acercan nuevos tiempos en los que desde el piso municipal debemos modelar nuestras estrategias de seguridad a la coordinación con los otros pisos institucionales, dando bienvenida a la flamante Guardia Nacional; pero el objetivo principal sigue ahí esperando, ya sea desde la actividad parlamentaria en el Senado que precede mi labor como edil, o desde el ayuntamiento, considero que la Seguridad Humana es el verdadero fin: más allá de la ausencia de violencia, dar respuestas y soluciones dignas, integrales y completas para las personas, orientadas, —ONU resolución 66/290 de la Asamblea General—, a la "prevención que refuercen la protección y el empoderamiento de todas las personas".