Según lo que escucho, leo e interactúo con otras personas, ya sea cara a cara, por medio del celular o a través de las redes sociales que todavía utilizo, debo concluir que estoy rodeado por una amplísima mayoría que está en desacuerdo con Andrés Manuel López Obrador y con Donald Trump. Percibo una animadversión que va desde muy leve, por prudencia o indiferencia, hasta oposición radical, permanente e intensa.

Son pocos los que se reconocen indiferentes y todavía más pocos los que encuentran algo positivo en la gestión de estos dos personajes. En el círculo más amplio de mis relaciones, quienes aplauden a Trump y a López Obrador dan un gran peso a su enojo y rencor hacia los políticos que los precedieron en el ejercicio del poder, y por ello justifican cualquiera de sus acciones, por negativa o limitada que sea.

Poco importa el tema que se discuta, la reacción es la misma y retrata la gran polarización que vive nuestra sociedad. Mientras unos vaticinan un apocalipsis que para muchos llegó hace décadas, y que por fortuna para otros todavía no llega; otros proclaman que el paraíso terrenal ya está aquí gracias a los dos poderosos hombres que nos defienden de las malvadas mafias que quieren seguir saqueando a las dos naciones.

Tal es el discurso y no parece que vaya a cambiar en el corto plazo. El proceso electoral en Estados Unidos va que vuela y Trump enfrenta a una veintena de rivales pulverizados y divididos. Al sur del Bravo, López Obrador y Morena siguen arrasando en todas las elecciones, la popularidad presidencial no baja del 65 por ciento y la oposición está nulificada tanto en el discurso como frente a la sociedad.

Tanto en México como en EU parece que la oposición no entiende, no acaba de aprender la lección, ni consigue comprender o entender. Reina un engreimiento soberbio, para ellos la racha de adversidad que están viviendo es un error de la Historia, ellos nada tienen que corregir en su comportamiento, siguen creyéndose dueños de la verdad absoluta. El pueblo “ignorante” fue quien metió la pata, olvidan que, cuando fueron Gobierno, fueron los causantes del enojo y desencanto que abrió las puertas a un populismo simplista, abstracto y enemigo de la administración técnica.

Allá y aquí vivimos una globalización económica que, si bien impulsó a muchos, excluyó a una mayoría que sí participa y se manifiesta. Mientras los beneficiados por el neoliberalismo duermen en sus laureles, desde su confort temen y obstaculizan toda participación ciudadana que consideran una carga innecesaria. En ambos países la corrupción fue tema central electoral. En México se acentúa más, con todo lo que ella desencadena, impunidad, violencia, inseguridad, estancamiento económico, desesperanza. Por ello el grito de esperanza y la denuncia de la corrupción sustentaron las exitosas campañas de Trump y Andrés Manuel.

Por su comportamiento, los grupos “organizados” que se oponen al Ejecutivo en ambos países parecen ignorar cómo enfrentarse a sus Gobiernos de corte populista. Se les ve perdidos, sin liderazgo y sin brújula. Poco importa que entre ellos abunden personajes técnicamente preparados, con sólida formación académica y experiencia profesional. El problema radica en que sus muchas lecturas no les enseñaron a lidiar con el fenómeno que enfrentan. En Estados Unidos es un bully de nivel primaria escolar. En México es un parlanchín encantador que parece decir mucho, con enjundia y firmeza, pero que en el fondo nada dice. Así de sencillo de entender, así de difícil de enfrentar. Los dos tienen un común denominador: seguirán vivitos y coleando mientras el “maligno” adversario al que vencieron siga presente en el inconsciente colectivo.

En México difícilmente tendremos una oposición articulada que enfrente al Gobierno. Es enorme la desesperanza de una amplia base social que pudiera ser crítica del Presidente y de su gobierno. Siguen creyendo más en la promesa de esperanza que en un frustrado, fracasado y vencido pasado que ya fue dejado atrás. Pero no todo está dicho, tarde o temprano, en el 2023 o en el 2029, se intensificará la desesperanza frente a tantas promesas incumplidas. La realidad se impondrá frente a las promesas simplistas. 

Entonces aparecerá otro caudillo que hará nuevas promesas y muchos caerán rendidos al discurso simplista desde el otro extremo del péndulo. Así seguiremos mientras creamos que los problemas se resuelven arriba.

Recomiendo que concentre sus afanes y esfuerzo en tareas familiares, comunitarias y locales. Ahí la acción vale la pena, puede lograrse la trascendencia y la plenitud con frutos concretos y palpables. 

@chuyramirezr
Jesús Ramírez Rangel
Rebasando por la Derecha