Idealizamos a México como un país singular, pero como empresa anda muy mal. La organización no es nuestro fuerte y los jefes sexenales no le atinan desde hace casi cincuenta años para acá.

México apenas crece. Ni siquiera lo suficiente para contrarrestar el crecimiento poblacional. Si comparamos con otros países como Corea, India, y China, estamos como paralizados.

No sé si echarle la culpa a los accionistas o sea a los ciudadanos; o al Gobierno, o a ambos. El México empresa tenía dueños de acciones serie A, con derecho a voto; y accionistas serie B, sin derecho a voto. El PRI acaparó las acciones con voto durante más de setenta años. Los demás nunca tuvimos una real manera de aprender a votar. 

Aunque en su momento Fox parecía el empresario-presidente que cambiaría nuestra suerte, resultó una gran decepción.

Ahora de pronto, los dueños de acciones serie B se rebelaron, votaron y eligieron como patrón a un señor que actúa como dueño de la empresa. Como estos accionistas no saben mucho de negocios, tampoco advierten las deficiencias empresariales del nuevo jefe. 

De hecho el nuevo patrón no trata a México como una empresa productiva. Eso no está entre sus prioridades. Al contrario, la quiere operar como una asociación civil para repartir beneficencia pública.

Los consejos de administración pasados (el Congreso) tuvieron gran parte de la culpa. Durante décadas el PRI los usó como un validador de decisiones autoritarias. Así se convirtió en un órgano totalmente disfuncional, más una carga, que un verdadero apoyo. 

Ahora, los accionistas serie B, sin embargo, han llevado al consejo a neófitos en materia de negocios, gente que jamás ha pagado una nómina o jineteado un pagaré por vencerse. La vocación empresarial está ausente.

Las fallas anteriores dejaron a México muy debilitado. Se requería sacar “al buey de la barranca” para usar la frase de De la Madrid. En vez de ello los amigos de regalar los impuestos para comprar nuevos apoyos trabajan arduamente 
para crear la serie C de acciones. 

Los accionistas serie C, son por ejemplo los seguidores del Senador Moreno Napoleón Gómez Urrutia y su nueva Confederación Internacional de Trabajadores. Así, con apoyo de los accionistas serie C, los de la serie B podrán perpetuarse para siempre. Los titulares de la serie A quizá doblen las manos, cierren sus negocios. Muchos tramitan ya su nacionalidad Española, pues con el muro será difícil huir a USA.

Cualquiera empresario sabe cómo aumentar rentabilidad a corto plazo, a costa de rentabilidad futura. Sacrificas inversiones para pagar sueldos. López Obrador está haciendo eso. Comprando incondicionales de la serie C.

Me preocupa que representantes empresariales se muestren sumisos frente a quien actúa como dueño y no como mandatario. Quizá México está destinado a seguir siendo un estado fallido. No tenemos quien nos salve de nuestra propia ceguera.

Lisonjear al jefe con juguete nuevo nos va a costar caro. La baja de califacación crediticia de México puede seguir creciendo, subiendo el costo de los intereses que pagamos. Si eso pasa, los dueños de los dólares preferirán llevárselos a otra país más seguro.

Entiendo que accionistas serie B y C estén optimistas. Pero la serie A que incluye a empresarios pequeños y medianos están muy preocupados. Ellos no tendrán derecho de picaporte con el jefe que actúa como dueño absoluto. 

México podría ser una gran empresa, trabajando y produciendo de todo y para todos. En vez de ello el gobierno empieza a retomar funciones de empresario y cerrar espacios a los empresarios privados pequeños y medianos. Estamos retrocediendo a las épocas del corporativismo priísta, con un presidente que vive para ejercer el poder a cambio de aplausos.  

Si México no es bien administrado como empresa competitiva, tampoco podrá tener éxito como país. 

La nueva estructura corporativista que hasta la CTM está desmantelando es un mal presagio. Mexico “incorporado”, será un México fracasado.
javierlivas@prodigy.net.mx