A propósito del recuerdo de la tragedia del trenazo.

Y que por desgracia no me tocó cubrir, en ese tiempo me imagino que estaría yo ni en proyecto en el vientre de mi madre.

Tengo en mi haber algunas anécdotas y preguntas de la gente que le tocó vivir en esa época y que he recogido de la calle.

Como lo que me contó un señor albañil conocido mío y que se llama igual que un actor de la época de oro del cine mexicano: Abel Salazar.

Don Abel, que habita en el barrio de las calles de Abraham de Cepeda y Mariano Abasolo, se preguntaba cierto día que lo visité, sobre qué habría pasado con las casas de las decenas y decenas de familias que perecieron en aquel fatal accidente que puso a Saltillo en la mira del mundo.

En su barrio había algunas, me dijo.

En su barrio habían vivido algunas de aquellas familias que fueron a honrar al santo de Real de Catorce y ya no regresaron a sus casas.

Entonces le pedí a don Abel que me llevara a conocer aquellas viviendas y me llevó.

Eran viviendas de tierra y puerta de madera carcomida a punto de desmoronarse.

Varias habitadas por el abandono y la soledad.

Cuando caminaba con don Abel por aquel barrio de rostros antiguos pensé: cuántos recuerdos no quedarían enterrados en aquellas casas que transpiraban nostalgia de aquellos años.

Le pregunté a don Abel si esas fincas tendrían dueño.

Dijo que tal vez el Gobierno ya las había expropiado, como hace el Gobierno con todo lo que puede.

Qué dicha fue caminar por ese barrio de viejos oficios.

Contemplar aquellas viviendas que se quedaron esperando, con una estoica espera, a sus moradores.

Cuántas cosas no dirían esas piedras de sus ausentes propietarios si pudieran hablar.

Cuánta vida inexistente habrá en esas tapias que algún día, hace más de 40 años, fueron hogares.

Las casas de familia que murieron en el trenazo.

Más tarde don Abel y yo desandamos esos caminos del barrio que en esos años, los albores de los 70, se quedaron tan solos de gente.

Como barrios fantasmas.

Y sus casas.

Aguardando a sus dueños que nunca más volvieron.