El pasado 13 de junio los empresarios más importantes de México se pusieron la soga al cuello. En esta danza de simulaciones que ha sido su relación con el nuevo gobierno –el presidente AMLO hace como que le caen bien y ellos hacen como que no les apanican sus políticas–, decidieron comprometerse a invertir este año 32 mil millones de dólares.

Para que no fuera negocio de saliva, todos plasmaron su firma en un documento y se lo entregaron al presidente López Obrador en un acto en Palacio Nacional. Ahí estaba el sector privado mexicano apostándole al éxito de la nueva administración.

Luego vinieron la renuncia del secretario de Hacienda, la insistencia en la construcción de la refinería en Dos Bocas, la cancelación de los contratos de los gasoductos, el crecimiento cero…

Hoy, la conversación entre los grandes empresarios de nuestro país, agrupados en el Consejo Mexicano de Negocios, es que esa meta de inversión no se va a alcanzar.

Y no se va a alcanzar por una sencilla razón: desde que se hizo, traía truco: cuando declararon cuánto pensaban invertir este año para hacer entre todos la suma, muchos declararon sus inversiones dentro y fuera de México. No son pocas las compañías, cuyos dueños están en el CMN, que tienen negocios importantísimos en el extranjero, en donde invierten en plantas, desarrollo, etcétera.

Así que una cosa es que las compañías mexicanas vayan a invertir 32 mil millones de dólares este año… y otra es que ese dinero lo vayan a invertir todo en México.

Además, se sabe con claridad que buena parte de esa cantidad enorme de dinero tiene que ver con proyectos que ya estaban echados a andar (salía más caro pararlos que dejarlos correr) y no necesariamente nuevas inversiones que impliquen una muestra de confianza en la actual administración.

Basta ver las cifras de confianza empresarial divulgadas ayer: cayeron los quince componentes, en su comparación anual.

SACIAMORBOS

Bartlett feliz, feliz, feliz.

Divulgamos el reportaje en el que se denuncian las 23 casas y 2 terrenos de los Bartlett. #BartlettBienesRaíces. Al día siguiente, la secretaria de la Función Pública, la supuestamente implacable Irma Eréndira Sandoval, tendió un manto de impunidad sobre el director general de la Comisión Federal de Electricidad. Frente a cientos de documentos públicos, en vez de investigar de oficio el asunto, como manda la ley, optó por darle una lectura política al asunto, y desdeñarlo.

Un día después, en la mañanera, el presidente López Obrador hizo su versión del “no te preocupes, Rosario” diciendo que Bartlett tenía toda su confianza y respaldo.

Y para rematar la semana, el domingo, el único funcionario al que el presidente mencionó por nombre durante su Informe fue a Bartlett. Lo hizo poco después de decir que si tuviera que resumir su gobierno en una frase, sería: acabar con la corrupción y con la impunidad.

Así que mientras le aparecen casas y terrenos… Bartlett feliz, feliz, feliz.