Foto: Internet.
En su más reciente novela el escritor mexicano hila una serie de historias de adolescencia contadas desde la perspectiva de un hombre de la tercera edad

El libro comienza con la historia de un secuestro. Su protagonista es cercano al narrador, pero no es este, por lo que quien lleva la anécdota al lector solo puede basarse en lo que le contaron, en lo que recuerda que le contaron.

Así es ‘Los que no’ (Alfaguara, 2021) de Álvaro Uribe, una novela compuesta por una serie de historias que le acontecieron a un grupo de jóvenes amigos en la década de los 60’s, y que ahora, en voz de uno de ellos, regresan después de décadas en esta propuesta literaria que habla sobre juventud y memoria.

“Tiene mucho que ver con la memoria, veo que vuelvo a los juegos de la memoria y veo que hay una tendencia a explotar mi propia experiencia. Alguna vez dije que yo era un autobiógrafo serial. No sé si estoy siempre haciendo autobiografía pero seguramente estoy explotando mi propia experiencia a fondo”, explicó el autor en entrevista con VANGUARDIA.

Uribe señaló que su paso del cuento a la novela fue más una adaptación que un salto, por lo que trajo de ese género la brevedad y la mezcló acá, como una suerte de Decamerón donde suceden una serie de historias que pueden disfrutarse tanto en lo individual como en conjunto.

“Prácticamente no hay libro mío en el que no se esté poniendo en tela de juicio el acto mismo de escribir un libro, el acto mismo de narrar. Siempre se está poniendo frente al lector el hecho de que este libro es un artefacto, no es meramente una compilación de experiencias más o menos bien ordenadas, sino que es un artefacto que obedece a ciertas reglas, que esas sí no revelaré, el lector tendrá que averiguarlas”, declaró.

“El narrador de este libro es muy consciente de que narra, él dice en todo momento que está escribiendo un libro. Incluso le hace ver al lector: ‘en este momento me dijeron tal cosa y yo contesté otra, pero la verdad es que no lo hice, la verdad es que me hubiera gustado contestarla pero la pongo de todos modos porque no deja de ser mi libro’”, continuó.

El narrador en “Los que no” no es, recalca, en su categoría de protagonista y testigo, infalible, porque lo que no es omnisciente y todas sus declaraciones están sujetas a discusión, incluso por él mismo.

El escritor también compartió que estas anécdotas han esperado para ser contadas de la manera adecuada. Las historias, dice, suele “acompañarme durante mucho tiempo. Yo creo que en este caso son las historias que me han acompañado durante más tiempo, corresponden a mi juventud y a la juventud de mi generación. Pero solo empecé a escribir hasta los 60 y muchos, no porque no tuviera las historias, sino porque tener historias es algo que le ocurre a toda la humanidad, el problema está para mí y creo que muchos otros escritores en encontrar una forma adecuada, personal, perdurable, ingeniosa, inteligente, única, como lo quieras llamar, de contar estas historias y eso no es fácil”.

“Encontrar una forma es, para mí, supongo, lo más parecido a encontrar la inspiración que dicen los poetas cuando dicen que les llegan poemas enteros. A mí no me llegan libros enteros pero sí me llegan formas, y me llega de repente la manera de contar y siempre tiene que con extender los límites de la forma”, agregó.

Sobre su paso del cuento a la novela señaló que se ve reflejado en su obra porque cada una de las anécdotas que se relatan en sus libros se tratan “como si fueran cuentitos y por eso me he denominado mosaiquero. Yo trabajo con teselas, con fragmentitos que he juntado hasta formar fragmentotes”.

Y aunque el libro no se escribió durante la pandemia —pero esta sí retrasó su publicación— contiene elementos y temas que podrían contrastarse con lo que estamos viviendo.