Mandatarios estatales y funcionarios del gabinete presidencial realizan actividades que pudieran interpretarse como intentos propagadísticos

Uno de los peores defectos de quienes integran nuestra clase política es su proclividad a lucrar con cualquier hecho de la vida pública, incluidos aquellos de naturaleza trágica. En otras palabras, su falta de escrúpulos para buscar ganancias personales incluso ahí donde se ha instalado el desastre.

Que tal hecho ocurra no es, desde luego, ninguna sorpresa sino apenas la constatación de la verdadera naturaleza de quienes dicen buscar convertirse en nuestros representantes para, entre otras cosas, luchar para que nuestros anhelos se conviertan en realidad.
El comentario viene al caso a propósito del llamado de atención que el presidente Enrique Peña Nieto realizó a los funcionarios públicos —miembros o no de su gabinete— a no medrar políticamente con los trágicos sucesos que han enlutado a diversas entidades del sur del país.

“No permitan que nadie quiera tomar ventaja, ni quiera asumir liderazgos para querer hacer gestión de sus cosas…” advirtió ayer el mandatario —dirigiéndose a los damnificados— luego de conocerse imágenes en las cuales mandatarios estatales y funcionarios del gabinete presidencial realizan actividades que pudieran interpretarse como intentos propagadísticos para “ganar adeptos” entre quienes han sufrido las consecuencias de fenómenos naturales.

La advertencia del Mandatario es, sin duda, pertinente, aunque debiera ser innecesaria, pues cualquier código elemental de ética debería llevar a nuestros políticos a contener sus impulsos y frenarles en el intento por “verse bien” en un momento en el cual lo importante es atender la situación de crisis que viven miles de familias a las cuales huracanes y sismos les han dejado, literalmente, en la calle.

Por desgracia, nuestra clase política no se atiene a ningún código de ética deseable y sus miembros —los de todos los signos ideológicos— no dudan en salir a la “caza” de los votos creyendo que el hecho de retratarse con las familias damnificadas o realizando actividades “de rescate” o de “apoyo” sobre el terreno constituye una buena propaganda.

Ayer mismo, en Veracruz, se detectó la entrega de despensas a los damnificados del huracán “Katia”, por parte de una presunta organización civil cuyo nombre, “Yúnete”, hace clara alusión al apellido del Gobernador de ese estado y constituye un claro intento de asociar la “ayuda” con la imagen del mandatario, seguramente con miras a una eventual candidatura de aquel.

El Gobernador de Chiapas también parece haber aprovechado la oportunidad para promocionar su imagen como alguien que reacciona rápidamente en momentos difíciles y acude en apoyo de sus gobernados, al igual que los han hecho diferentes miembros del gabinete presidencial.

Parece claro, frente a estos ejemplos, que nuestros políticos no han aprendido ninguna lección relevante de la historia reciente del País. Por ello, los ciudadanos haremos bien recordándoles que no estamos de acuerdo con sus actos y repudiando cualquier intento de medrar con la tragedia.