Las horas siguen pasando y la tensión provocada por las amenazas de Donald Trump hacia México crece, pues nos acercamos cada vez más al momento en el cual podría convertirse en realidad el “ultimátum” planteado por el Presidente de los Estados Unidos en materia arancelaria.

UY es que, pese al optimismo de la delegación mexicana, encabezada por el canciller Marcelo Ebrard, para quien “existe 80 por ciento de probabilidades” de que no se impongan las sanciones económicas anunciadas, lo cierto es que Trump no parece dispuesto a ceder.

“Las negociaciones con México se reanudarán mañana (hoy jueves), en el entendido de que, si no se logra un acuerdo, se empezarán a aplicar aranceles de 5 por ciento desde el lunes, con incrementos mensuales como estaba programado. ¡Entre más altos los aranceles, más empresas regresarán a Estados Unidos!“, tuiteó anoche el neoyorkino al reiterar su posición.

No son pocas las voces que, incluso en Estados Unidos, han señalado que la imposición del citado arancel es una mala idea pero, como se ha dicho anteriormente, nos encontramos ante un planteamiento que es más de tipo electoral que económico.

¿Hasta dónde está dispuesto Donald Trump a llevar las cosas? Mientras lo averiguamos, no estaría mal que nos preparemos para lo peor, lo cual quiere decir que el Gobierno mexicano debe plantearse los distintos escenarios que seguiría en caso de fracasar el intento de negociación.

Lo anterior es aún más cierto si se tiene en cuenta que las calificadoras de riesgo han reaccionado ya en relación con la amenaza de “guerra comercial” entre Estados Unidos y México, reduciendo la calificación para nuestro País, es decir, añadiendo incentivos negativos para el crecimiento de la economía.

Parece muy claro que el ingreso a una escalada de medidas retaliatorias implica jugar un juego en el que nadie gana y todos pierden, en términos estrictamente económicos. Sin embargo, no sería la primera ocasión en la que el presidente Trump decidiera jugar ese juego.

Desde luego, no debe dejar de intentarse la vía del diálogo, incluso si los aranceles extraordinarios comenzaran a aplicarse el próximo lunes pues, al final del día, sólo el diálogo y la conciliación pueden conducir al establecimiento de un acuerdo mutuamente beneficioso.

Pero a la par del diálogo deben plantearse mecanismos que permitan hacer frente a las consecuencias que una política como la anunciada traerá necesariamente consigo y que se traducirá en afectaciones directas a la economía de nuestro País.

La diferencia de posturas en torno al tema migratorio es clara: Estados Unidos pretende que nuestro País implemente medidas que detengan en lo inmediato el flujo de personas hacia su frontera; México pretende que se atienda el problema de fondo, es decir, desde sus raíces.

El secreto parece estar en encontrar un punto intermedio entre ambas posturas, a fin de que ambas partes obtengan, al menos en parte, lo que buscan: contener en lo inmediato la migración masiva hacia Estados Unidos y comenzar a eliminar las causas que empujan a miles de personas a buscar una mejor calidad de vida fuera de sus países de origen.

El punto medio existe. Habrá que ver si también el talento para encontrarlo y hacerlo evidente.