Historias de la creación del mundo.

El Señor creó a las mariposas.

Antes de que pudiera ver cómo le habían quedado, las mariposas echaron a volar y se perdieron en los dédalos del aire.

El Señor, entonces, hizo otras mariposas. Para que no pudieran irse las fijó en el suelo y les dio el nombre de flores.

Se equivocan por eso los naturalistas. Ellos afirman que las mariposas llegan al cáliz de la flor para libar su néctar. Pero no es que las mariposas visiten a las flores; lo que hacen es visitar a otras mariposas y hacerles el amor. De ahí nacen mariposas quietas como flores y flores que se van a volar igual que mariposas por los dédalos del aire.

Tal es la verdad, pero no la conocen los naturalistas. Los naturalistas no saben tanto de la naturaleza como las mariposas.

 

¡Hasta mañana!...