Variación opus 33 sobre el tema de Don Juan.

En el sueño se le aparecen a Don Juan las mujeres que lo amaron.

Anoche soñó a doña Elvira. La vio con sus inmensos ojos verdes, su tez moruna y su larga cabellera negra. Ella sufrió por causa del seductor, pero en su mirada no había queja ni reproche. Había amor y ternura. Don Juan, en sueños, pensó que con la misma mirada lo veía su madre cuando niño.

Al despertar esa mañana el sevillano sintió una extraña desazón. El día era brumoso, funeral. Inútilmente buscó distracción en la lectura de una novela caballeresca: la obra le pareció vana, insustancial. Salió al jardín sin sol, y eso le ensombreció el ánimo aún más. Volvió a sus aposentos. El fuego que ardía en la chimenea le pareció de hielo.

Luego sucedió algo extraño. Al pasar frente al gran espejo del salón vio reflejada en él la imagen de doña Elvira. Otra vez lo miraba con aquella ternura maternal, con aquel mismo amor. Don Juan sintió en el alma el dolor que causa el remordimiento. Supo entonces que todo hombre lleva en sí un arrepentimiento: el que le causa el recuerdo de una mujer.

¡Hasta mañana!...