Variaciones opus 33 sobre el tema de Don Juan.

A la luz de la tarde que declina el anciano señor desgaja sus recuerdos.

El sol parece imagen de su vida: se va apagando lentamente en un crepúsculo sin estridencias. Ya no hay en ella ansiedades de gloria o de fortuna. No la turban ni los hombres ni las cosas. Lo vivido es como un sueño que a veces parece no soñado.

Las sombras vienen con sus pasos quedos. Han desaparecido los celajes que pintaban las nubes de colores. Los objetos se desdibujan y dejan de existir en la tiniebla.

Don Juan está solo y está triste. La oscuridad y el silencio lo rodean. Quiere rezar el rosario de las ánimas –es hora-, pero las cuentas se le escapan de la mano y caen sin hacer ruido al suelo. Don Juan está triste y está solo.

De pronto le llega la memoria de aquel amor que tuvo. Vuelve a sentir la presencia de la mujer amada; oye su voz como canción del alma; evoca sus caricias, su pasión. Y entonces todo se ilumina. Ya no hay soledades ni tristezas. Ahora Don Juan sonríe en medio de la noche. Su vida ha sido buena porque en ella se dio el milagro del amor.

¡Hasta mañana!...