En la última semana todo mundo se ha ocupado del más reciente improperio escupido por el Iluminado de Macuspana: su diatriba en contra del -según él- vomitivo “aspiracionismo” de la clase media.

El deseo de progresar se ha convertido así en un pecado capital y, siempre según el sumo pontífice de la transformación de cuarta, figura ya en el catálogo de razones por las cuales, quienes habitamos esa porción del espectro social, seremos irremediablemente condenados a la hoguera eterna.

Poco o nada se dice, sin embargo, sobre el contexto en el cual el presidente (con minúscula) largó esta ocurrencia a la cual ha vuelto en forma recurrente tras percatarse del éxito obtenido en su propósito de distraer al respetable y llevar a la conversación a otro lado.

Conviene por ello recuperar el contexto en el cual, el viernes 11 de junio, cuando la misa tempranera llevaba ya casi una hora, su ilustrísima decidió sacar el látigo para fustigar a sus nuevos “adversarios”.

La homilía sobre la clase media fue vertida desde el púlpito presidencial en respuesta a la pregunta de una reportera sobre la ilegal actuación del Partido Verde, el día de la elección, al contratar influencers para hacer campaña a su favor dentro del período de veda, es decir, se le pidió su opinión sobre la comisión de un acto ilegal perpetrado por uno de sus aliados.

En primera instancia, nuestro Perseo de pantano intentó evadir el cuestionamiento remitiendo el caso a la Fiscalía General de la República y enviando el tema de las elecciones al casillero de los asuntos concluidos sobre los cuales ya ha dicho lo suficiente:

“…eso es un asunto de la fiscalía que ellos lo resuelvan… no voy a opinar, ya hablé bastante de lo de las elecciones… dije de qué fueron elecciones limpias, libres que estoy satisfecho… no dejaron de haber algunos actos… indebidos, violaciones, eufemísticamente llamadas irregularidades, pero nada que ver con las elecciones de estado que llevaban a cabo los del partido conservador…

Y de ahí se arrancó nuevamente con los datos y los triunfos y el saldo positivo para su “movimiento”.

Pero la reportera insistió y le pidió lo lógico: responder la pregunta originalmente formulada, es decir, pronunciarse sobre si lo hecho por el Verde era correcto. Fiel a su estilo el presidente dijo “no” para enseguida puntualizar, como en el caso de su hermano Pío, cómo lo importante es revisar la monstruosa indecencia de sus adversarios y, en consecuencia, obviar los pecadillos de sus más recientes aliados.

Pero como incluso esa acotación iba a generar nota, porque el campeón nacional de la moralidad estaba justificando la ilegalidad de los verdes, se lanzó al monte y comenzó a hilvanar el discurso contra la clase media desviando así las miradas de los filibusteros de quienes hoy se acompaña.

Conviene recuperar el dato porque nos permite identificar aristas relevantes de la discusión pública a las cuales se nos invita, desde el púlpito presidencial, a no prestarles atención.

Y se nos invita a eso, justamente porque se trata de hechos mediante los cuales el “nuevo régimen”, ese cuyo propósito declarado es moralizar la vida pública del país, queda retratado con puntualidad y ponen al descubierto la verdadera naturaleza de quienes pueblan la transformación de cuarta: apenas una pandilla de ambiciosos vulgares a quienes solo interesa mantener el poder y están dispuestos a pagar cualquier precio por mantenerlo.

¡Incluso aliarse con el más indecente de los partidos políticos mexicanos!

A eso se reduce la “superioridad moral” de quienes aseguran estar “haciendo historia”: a la reproducción del mismo amasiato previamente recreado por aquellos a quienes aseguran despreciar: el PRI y el PAN, partidos dedicados en su momento a patrocinar al Partido Verde.

A eso se reduce la “potencia ideológica” de Morena: a ser rehén del conjunto más indecente de la fauna política mexicana. Porque al Verde lo necesita ahora para todo, pues no contará en la siguiente Legislatura con los votos suficientes ni siquiera para aprobar el presupuesto.

Hasta ahí llega la “épica lucha” del obradorismo -curioso término de reminiscencias escatológicas, pero muy del gusto de los acólitos de Andrés Manuel- contra la “mafia del poder”: a la inauguración de su propia versión del monstruo al cual juró aniquilar.

En eso se han convertido “la esperanza de México” y su nuevo amante de ocasión: en la nueva “mafia del poder”, un amasiato pactado en el pantano de la ambición vulgar cuyos frutos podemos anticipar desde ahora porque no serán distintos a los producidos en los anteriores affaires del Verde con Fox, Calderón, Peña Nieto…

Ese es el análisis del cual quiere alejarnos el Iluminado de Macuspana. Esos son los hechos de cuya reseña busca apartarnos… lo de “atacar” a la clase media es solamente otro de sus gastados trucos para generar el murmullo necesario con el cual acallar el coro cada vez más estruendoso con el cual se va diluyendo su pretendida autoridad moral. “el rey está desnudo”.

¡Feliz fin de semana!

@sibaja3

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