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El actor mexicano Gael García, quien estrena este fin de semana la película “Me estás matando Susana”, habla con Animal Político sobre la discriminación hacia la comunidad hispana en Estados Unidos y la forma en que entendemos el machismo

Gael García habla con un oficial de la aduana estadounidense. Tras el interrogatorio lo envían a un cuarto donde otro agente se pone un guante y le pide que se quite el pantalón. Gael García sale del aeropuerto y toma un taxi. El taxista le pregunta de dónde viene y él contesta que de México. El taxista le dice que no parece mexicano, que se ve distinto, se ve “mejor”.

En realidad de quien hablamos no es de Gael García –uno de los mejores actores mexicanos y ganador de un Golden Globe– sino de su personaje, Eligio, en la película  “Me estás matando Susana”, que este fin de semana se estrenó en México.
La película, una adaptación de la novela “Ciudades desiertas” del escritor mexicano José Agustín, cuenta la historia de Eligio y Susana. Él es mexicano, ella española. Son pareja y un día él despierta y ella ya no está en el departamento en el que vivían en la Ciudad de México. Su clóset está vacío. Él, después de unos días, se entera que ella se fue a Estados Unidos y decide ir a buscarla.

Ese viaje de Eligio es el pretexto para hablar con García del racismo que existe en Estados Unidos hacia la comunidad hispana y de la forma en que entendemos el machismo en México.

Animal Político (AP): Hay muchas escenas en la película en las cuales queda clara la discriminación de los estadounidenses hacia los mexicanos. ¿Crees que esto es real? ¿Se ha intensificado con la campaña del candidato republicano a la presidencia, Donald Trump?

Gael García (GG): Yo paso mucho tiempo en Estados Unidos, desde hace años, y me doy cuenta de lo sintomático que es que alguien como Trump esté en ascenso. Existe mucha gente que piensa como él, que es tal como él, que tiene esa misma discordancia con la realidad y esa locura. Que tiene ese desapego con la empatía y la fraternidad. Es sorprendente como se defiende esa antigenerosidad.

AP: ¿A qué se crees que se debe este ascenso?

GG: Tiene que ver con muchas cosas, pero sobre todo en cómo se ven los diferentes países entre sí. Por ejemplo, desde la frontera de México puedes ver Estados Unidos: si te acercas a uno de los hoyitos que hay en la cerca que divide Tijuana con California puedes ver qué hay al otro lado. Pero desde EU no puedes ver México. Está todo hecho para que desde la frontera los mexicanos estén muy lejos y no los vean. No hay mayor simbolismo que ese: los gringos no ven México, de verdad no lo ven. De hecho les sorprende mucho cuando conocen a una persona que lee, que sabe, que conoce y te ven con una actitud condescendiente de “ah, mira, el mexicano”, como de “se agrandó el Cruz Azul”.

Los gringos que sí llegan a ver México tienen que romper con una serie de burbujas y un orden que los condiciona a no ver el mundo. El ascenso de Trump es totalmente entendible, de hecho hasta se lo merecen. Lo vienen gestando de una forma hipócrita, en este juego que tienen de lo legal y lo ilegal. El hecho de que de pronto puedan matar a una persona y sea legal, y digan “eso es legal, es legal”, como si Dios lo dictó y es lo correcto. Eso es completamente inmoral, es terrible lo que está sucediendo.

AP: La escritora Elena Poniatowska dijo cuando se publicó el libro de José Agustín, en 1984, que era un libro que confrontaba el machismo mexicano. ¿Qué opinas?

GG: El machismo es una definición que se queda muy corta. Nunca nos vamos a poder de acuerdo en torno a qué definimos como machismo. Lo que Eligio (su personaje en la película) vive, y de lo que la novela habla, son temas de mucho mayor alcance: celos, pasión y la pareja. Es decir, cómo hacerle para sostener una pareja.

El machismo se volvió una calcomanía que impidió que se hiciera una reflexión mucho mayor sobre la masculinidad, se volvió una reflexión inacabable. El machismo es una trampa tremenda, porque en nuestro país mucha de la violencia de género tiene que ver también con la injusticia social. Tiene que ver con cuestiones no sólo culturales, sino de pobreza, desempleo y justicia. Es decir, en otros países pueden ser igual de machistas, pero no ves el tipo de violencia que ves aquí y eso se debe a otros factores. La película es más una reflexión en torno a los celos y a la pareja, que ahora está en una crisis positiva: estamos redefiniendo el concepto que existía desde muchos años atrás, y que ahora sabemos que puede ser de distintas maneras y no lo que nos han dicho que es.

LA VISIÓN DEL DIRECTOR

Roberto Sneider es el director y productor de “Me estás matando, Susana”. Con esta película finaliza la que considera su “trilogía de novelas ochenteras”. Previamente había dirigido “Arráncame la vida”, una adaptación de la novela de Ángeles Mastretta, y “Dos Crímenes”, que retoma el libro de Jorge Ibargüengoitia.

Animal Político: ¿Hay carencia de guiones o hay muy buenas novelas que adaptar?

Roberto Sneider: Hay muy buenas historias que contar. He leído muy buenas novelas y esas son las películas que se me ha antojado hacer. No es que crea que hay falta de nada, simplemente ahí he encontrado las historias que quiero contar.

AP: ¿Por qué elegiste “Ciudades desiertas”, un libro clásico de José Agustín?

RS: Entre otras cosas, por el personaje de Eligio. Es profundamente original, muy mexicano. Me reconocí inmediatamente en él. Agustín tiene esa cosa: es un salvaje, plantea las cosas como son, con gran valentía.Es una cuestión muy visceral y así viví yo la novela, como un viaje interno: me reí muchísimo, lloré, me dejó cuestionandome muchas cosas. Y me dije “qué padre poder hacer que eso le suceda a otra persona”, así que por eso hice la película.

Hay, por supuesto,  temas de ella que me interesan explorar: las relaciones de pareja, la forma en que estamos redefiniendo cómo nos relacionamos hombres y mujeres,  la línea entre masculinidad y machismo.

AP: Es una historia muy actual, pese a que tiene más de 20 años. Hay muchas cosas machistas de Eligio que aún tenemos muchos.

RS: Yo me cacho todo el tiempo haciendo esas cosas. Yo creo estar muy por encima de ese tipo de valores pero después me doy cuenta que estoy  siendo un macho.

AP: La discriminación de los estadounidenses a los mexicanos también aparece mucho en la película. Hay una coyuntura clara, que son las elecciones en ese país. ¿Fue tu intención hablar de ese tema ahora o es pura coincidencia?

RS: Es algo que ha estado ahí siempre, aunque ahora se ha acrecentado por el personaje siniestro de Trump y lo que ha echado a andar.Pero eso ya estaba ahí. Yo he pasado mucho tiempo en EU y lo he vivido. Muchas de las cosas que pasan en la película son autobiográficas, cosas que me pasaron a mí. Por ejemplo hay una escena de Gael con un taxista, que en realidad viví yo: el taxista que mee llevó del aeropuerto a una universidad en Iowa me preguntó de dónde era. Le dije que de México y contestó “ah mira, yo pense que no eras mexicano”, como si fuera un cumplido.

Ese racismo lo ves todo el tiempo. Y tratan de ser políticamente correctos y amables, pero al final siempre te ven desde arriba. Esas actitudes retrógradas y provincianas son imperamtes en todo el centro de Estados Unidos.

AP: ¿Crees que es algo que ha crecido?

RS: Se ha visbilizado Es un momento peligroso pero también es una oportunidad. No ha habido nada haga que los hispanos en Estados Unidos nos unamos. Hay que tomar a este personaje siniestro de Trump para cristalizar esa unión y entender que tenemos derecho a que no nos traten de esa forma.

AP: Estamos en un momento donde muchas series, muchas películas y libros hablan de narcotrafico. ¿El hacer una comedia fue también para fijar una posición en contra de esto?

RS: El narco ha acaparado los reflectores pero esa gente es una parte mínima de lo que es este país. Es una piedra en el zapato horrible, que afecta a algunos de una manera espantosa, pero los mexicanos somos muchísimo más que eso. Esa violencia está representado de forma desmedida en los medios y es bueno poder presentar otras historias, que no todo tiene que ver con eso.

AP: ¡Cómo fue la reacción de José Agustín ante el proyecto?

RS: Lo consulté desde el principio, le conté lo que quería hacer. Le hablé de personajes, de escenas. No quiso meterse más y me dijo que lo que quería era ver mi vision de su novela. Vio un corte muy avanzado y le gustó mucho, se rió. Y lo vi también tratando de reponerse de que lo que está en pantalla no es su novela al final.