Con la pandemia lejos de haber sido “domada”, algo que demuestran de forma trágica todos los días las estadísticas de nuevos contagios y, sobre todo, las de víctimas fatales, en México parece que nos aproximamos a los escenarios vividos en Italia hace tres meses o que pueden verse todavía hoy en algunos países sudamericanos.

El Gobierno de Nuevo León dio una muestra clara de ello ayer, al decretar medidas que rozan peligrosamente los límites del “toque de queda”, pues buscan prohibir la circulación de personas en las calles más allá de las 10 de la noche e imponer un “cierre” total durante los fines de semana.

¿La razón de ello? Lo que todos podemos ver, todos los días, en todos lados: el crecimiento cada vez más acelerado de una pandemia contra la cual no parece haber ya estrategia alguna, o por lo menos ninguna que esté siendo articulada de forma coherente por nadie.

Y es que en México padecemos la propagación del coronavirus en las peores condiciones posibles: en medio de una superposición de estrategias contradictorias, desplegadas por los gobiernos federal y estatales, que arrojaron un resultado realmente terrorífico el pasado mes de junio.

¿Aún es tiempo de adoptar estas medidas o si, por el contrario, el daño ya está hecho y lo único que nos queda por hacer es sentarnos a esperar que la propagación del virus?”

Vale la pena aclarar aquí que, a diferencia de lo que pasa en Estados Unidos, en México no estamos padeciendo un “rebrote”, sino que atestiguamos la aceleración constante en la propagación del virus cuyo comportamiento no ha registrado disminución alguna desde que se reconoció el primer caso.

Vista en retrospectiva la historia de los últimos tres meses, queda claro que los pronósticos del “zar” del coronavirus, Hugo López-Gatell, nunca estuvieron siquiera cerca de predecir el comportamiento de la pandemia y que los números que hoy vemos son producto de un hecho tan trágico como incontrovertible: en la lucha contra el SARS-CoV-2 hemos ido todo este tiempo a ciegas.

Por ello, no extraña que el Gobierno de Nuevo León haya decidido ayer adoptar medidas que constituyen, en estricto sentido, la imposición de un “toque de queda light” que busca reducir de forma drástica la movilidad de las personas, particularmente los fines de semana.

La gran pregunta es si aún es tiempo de adoptar estas medidas o si, por el contrario, el daño ya está hecho y lo único que nos queda por hacer es sentarnos a esperar que la propagación del virus se estabilice de forma natural, conforme más personas se infecten y eso vaya creando lo que los epidemiólogos llaman la “inmunidad de rebaño”.

Si esto último es lo cierto, lo que nos espera es la peor acumulación de cadáveres de que haya sido testigo cualquier generación de mexicanos desde la Revolución.

Por lo pronto, ya somos el sexto país con más víctimas fatales en el planeta. Es altamente probable que durante el fin de semana nos convirtamos en el quinto y, de seguir así las cosas corremos el riesgo de convertir a la zona del recién estrenado T-MEC, en la más mortífera del planeta debido a esta pandemia.