La pandemia alteró la economía mundial, conteniendo las cadenas globales de valor agregado, asimismo los planes y proyectos de los gobiernos, por cuantiosos recursos para enfrentar la contingencia sanitaria (y más en países donde el neoliberalismo desmanteló los sistemas de salud), pero también porque la recaudación fiscal será menor directamente proporcional a la reducción del producto interno bruto. Esto implica entonces menos gasto público en el año 2021.

Si la austeridad republicana fue compromiso de campaña del actual régimen en México, lo que se apreció en el primer año de gobierno, ahora obligadamente la rigidez de los egresos metafóricamente se acerca al ascetismo. Arturo Herrera, secretario de Hacienda, anunció que el año próximo requerirá “comprensión y solidaridad… porque habrá menos recursos en el presupuesto…”; hay una perspectiva de menor impacto multiplicador del gasto público en la dinámica económica.

En nuestro país la caída del PIB va desde -9%, hasta -18%, cualquier cifra es catastrófica, como en la mayoría de los países, inclusive los desarrollados (Estados Unidos -27%, Europa promedio de -14%, China cayó de 6.3% a 4%). Según INEGI, de 52.6 millones de población económicamente activa (formal e informal), de junio de 2019 al mismo mes de este año, el desempleo pasó de 3.6% a 5.5% y la informalidad laboral de 51.8% a 53%.

Sin embargo, algunas cifras indican que la contingencia se enfrentará con mejor posición estratégica. Después perderse 12 millones de empleos en la mitad de este año, también según INEGI, en julio se recuperaron 7.2 millones de puestos de trabajo; así, los empleos a tiempo completo pasaron de 28.9 millones en junio a 33.1 millones en julio de este año.

Después de que en el primer semestre del año se perdieron un millón de empleos formales, según el IMSS en agosto pasado se recuperaron 90 mil, esto debido a la reapertura gradual de la economía, sobre todo en servicios, entre estos sobresale el comercio.

La Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (con más de 62 mil afiliados) reportó que en mayo y junio las ventas tuvieron caída de 17.9% y 16.2% respectivamente, pero dicha reducción fue de 9.1% en julio, lo que indica una relativa recuperación.

Otros indicadores muestran que la recuperación puede ser menos complicada: aún con escasez, la inflación anual no se ha disparado drásticamente, ubicándose en 3.99%; el gasto público no es deficitario, lo que no presiona el nivel de precios; después de superar los 24.6 pesos por dólar en marzo, en meses recientes el peso se ha apreciado en rango de 21.80 a 22.30 pesos por dólar, lo que indica relativa confianza o aprovechamiento de tasa de interés interna en 4.5%; la deuda pública externa se incrementa por depreciación del peso, no por irresponsabilidad del gobierno; con cinco meses al alza, en julio exportaciones-importaciones sumaron superávit de 775 millones de dólares (2.2% crecimiento anual); con precios negativos en abril, el precio de la mezcla mexicana de petróleo está por encima de 40 dólares el barril; según el SAT, de enero a junio del presente año la recaudación se incrementó 3.2% (1 billón 747.7 mil millones de pesos) respecto al mismo periodo del año anterior (1 billón 694.6 mil mdp); la inversión extranjera directa no se ha desplomado radicalmente y en el primer trimestre se redujo sólo 0.7%, con 17.97 mil millones de dólares, sobre todo reinversiones; para impulsar el consumo, el flujo de transferencias en programas sociales continúa; asimismo, no se detuvieron las obras de infraestructura productiva en el sureste del país; precios de gasolinas y diésel no se incrementarán más allá de la inflación; las tasas de recaudación fiscal serán iguales el próximo año.

Respecto a otras crisis históricas en México, las cifras anteriores indican relativa solidez económica. La situación crítica puede enfrentarse con fortaleza y la recuperación, aunque no fácil, puede acelerarse.