Foto: Especial

ESTIMADA ANA:
Después de casi 42 años de casados, a principios del 2011 mi esposa y yo nos divorciamos. Nos casamos cuando apenas íbamos a cumplir 20 años y lo que al principio todo era emoción, con el paso de los años terminó siendo una rutina acompañada de pleitos sin sentido, discusiones que en nada terminaban y desacuerdos en cuanto a la educación de nuestros 4 hijos, entre otras cosas.

 Y no puedo, de ninguna manera negar que fuimos muy felices, al menos yo lo fui, disfruté mucho el crecimiento de cada uno de nuestros hijos, estar con ella, divertirnos como pareja y como familia, pero por más intentos que hice, le propuse que nos divorciáramos.

 Los últimos años ya no era amor lo que yo sentía por ella, nuestra felicidad había llegado a su fin, comprobé que por más intentos que hicimos ya nada resultó. Lo peor es que no me atrevía a decírselo pues sabía de antemano que ella sufriría y que le dolería mucho mi decisión, hasta que finalmente un día se lo comuniqué.

 Estoy seguro que ella estaba consciente de lo que sucedía conmigo, pues nos conocemos demasiado bien. Aún así no me atrevía a decirle lo que sentía, no quería herirla, no me sentía capaz de dar ese paso.

 Además pensaba en mis hijos. Los dos mayores ya están casados y tienen su propia familia y los otros dos son estudiantes, uno de universidad y la menor de preparatoria. 

 Cuando finalmente tuve el valor de hablar con ella, fue todo exactamente como me lo imaginaba, ella y mis hijos quedaron destrozados, dolidos, decepcionados. Los tres (mis hijos solteros) y mi esposa, se fueron, me dejaron solo en nuestra casa.

 Las primeras semanas sufrí demasiado estar solo, no podía acostumbrarme a los espacios vacíos en la casa, a regresar del trabajo y que no estuvieran. Comencé a extrañar ese ambiente.

 Pero con el paso de los días descubrí que el hecho de haber dado ese paso tan doloroso y a la vez tan importante me estaba cayendo bien, me sentía mejor conmigo mismo.

 Al año siguiente conocí a una mujer en mi trabajo. Ella ya tenía allí algunos años pero nunca la había visto de otra manera que no fuera como una compañera de trabajo más. Me enamoré de ella y en los últimos meses he tratado que lo nuestro funcione bien. Me siento bien a su lado.

 El problema lo tengo ahora con mis hijos. Intenté hablar con ellos para presentárselas, que sepan que ahora estoy saliendo con alguien más, que me entusiasma y quiero estar con ella. Fueron claros cuando me dijeron que admiten mi relación, pero no quieren tener ningún tipo de contacto con ella.

 Uno de mis hijos casados aceptó que se la presentara, pero me dijo que solo era por educación y que preferiría no volver a hacerlo. No se diga los solteros, ellos definitivamente ni aceptaron verla.

 Quiero a mis hijos y los necesito a mi lado, pero también quiero a otra persona y a ella también la quiero a mi lado. Toda esta situación me entristece y me deprime. No sé qué camino tomar ni qué hacer para que mis hijos no se aparten de mí si tomo la decisión de vivir con otra mujer. Me invade un sentimiento de culpabilidad.  
Alfonso
 
ESTIMADO ALFONSO:
El comportamiento de tus hijos es normal. Dales tiempo, no es fácil para ellos poder comprender la situación por más que ellos sean jóvenes o adultos. Es probable que ellos sientan que al conocer y convivir con tu pareja signifique de alguna forma que están traicionando a su mamá.

 Lo que sigue es que de ahora en adelante dejes de lamentarte por lo que está sucediendo. Si en realidad todo va a avanzar con tu nueva pareja, lo mejor es que te ocupes en acortar ese distanciamiento con tus hijos. Como te decía todo es cuestión de tiempo, ellos lo sabrán comprender.
ANA

Todos tenemos problemas. ¿Cuál es el suyo?  
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