Una y otra vez se ha criticado que los directivos utilicen la recompra de acciones para elevar el precio de estas y también su propia remuneración.

El dopaje también juega un papel importante en los mercados financieros. Muchas grandes empresas estadounidenses sostienen su valor bursátil recomprando sus propias acciones por miles de millones de dólares.

Este fenómeno, cada vez más frecuente y potente, se considera como un "cuidado de la cotización" y al contrario que en el deporte es completamente legal. Pero también hay razones convincentes por las que está práctica es controvertida.

Hace pocos días los tres grandes índices estadounidenes -Dow Jones, S&P 500 y Nasdaq- cerraron en niveles récord por primera vez desde 1999. Ese comportamiento de los mercados no se corresponde con la situación actual, con unos inversores preocupados por el "Brexit", con la incertidumbre de la política monetaria, en medio de una campaña electora en Estados Unidos y de una frágil coyuntura mundial.

Se considera que el principal motivo por el que crece la cotización es el dinero barato que los bancos centrales ponen a disposición. Pero también hay otros factores.

Como por ejemplo, la recompra de acciones. "Es doping, claramente", asegura Robert Halver, experto del Baader Bank. Según la multinacional de datos financieros Factset, entre febrero y abril las empresas estadounidenses recompraron acciones propias por valor de 166.300 millones de dólares (147.600 millones de euros al cambio actual). Supone un aumento interanual de 15 por ciento y la mayor cifra trimestral desde 2007, antes de la última recesión mundial. Aún así, en 2014 y 2015 las empresas de Estados Unidos recompraron acciones por valor de un billón de dólares.

Pero, ¿qué consiguen con ello las compañías? Mediante la recompra de acciones sube la demanda de los títulos, lo que ayuda a su cotización. "Gracias a ello suelen aumentar las ganancias y los dividendos por acción", afirma un estudio del Deutsche Bank. De esa forma, se reparten más beneficios entre los accionistas.

Desde hace tiempo en Estados Unidos es habitual que importantes inversores como Carl Icahn presionen en público y amenacen con una revuelta entre los accionistas para que las empresas repartan más dividendos. En realidad también suelen beneficiarse de ello los grandes directivos de las empresas, que reciben como bonificaciones opciones de compra sobre acciones.

Una y otra vez se ha criticado que los directivos utilicen la recompra de acciones para elevar el precio de estas y también su propia remuneración. Además, los economistas debaten desde hace tiempo si esos inmensos desembolsos para recomprar títulos lastra las inversiones de las compañías a largo plazo, aunque hay opiniones enfrentadas al respecto.

Según Tim Koller, de la consultora McKinsey, no hay pruebas de que sea así. Aunque en las últimas décadas aumentó notablemente la recompra de acciones, no se aprecian consecuencias negativas para el clima inversor, apunta. Además, la cuota de beneficios que las empresas norteamericanas reparten entre sus accionistas se mantiene estable alrededor del 85 por ciento desde los años 90, añade.

Sencillamente se ha producido un trasvase y se recompran más acciones en lugar de pagarse tantos dividendos, apunta Koller. Además, mientras que por los dividendos hay que pagar un 40 por ciento en impuestos, por las ganancias derivadas de acciones sólo se aplica un 20 por ciento. Y esta última es una diferencia fundamental con muchos países europeos, donde ambos tipos de ingresos suelen gravarse con impuestos similares.