Ilustración: Vanguardia/Esmirna Barrera

El acomodamiento del nuevo Gobierno propicia una cantidad ingente de noticias que obligan, si queremos entender algo, a leerlas y releerlas con una cierta dosis de incredulidad para intentar dialogar con la realidad, cosa difícil, y con interpretaciones disparatadas unas de otras. Mucho de lo que sucede tiene al menos dos partes que se excluyen mutuamente: el descubrimiento de la pudrición mexicana y la extrema dificultad para poner un hasta aquí a los inimaginables abusos de sexenios pasados. Un funcionario pica en el rubro gasolina y brota pus; otro indaga en educación y sale mierda; se revisan apoyos a campesinos y aparecen desvíos enormes; ocho pequeñas universidades del sur y centro participaron de la “estafa maestra”.

Por lo pronto nos enteramos de que en el asunto del robo de combustibles había demasiados implicados, entre éstos no pocos dueños de gasolineras. Aparentaron estar enojados por el desabasto, pero lo que sucedía era que les iba de perlas con los huachicoleros: ganaban más de lo doble con ellos que con Pemex. ¿Huachicoleaba Pemex?

Acerca del nuevo Fiscal Anticorrupción estamos a la espera de saber cuál será su actuación y si podemos esperar que realmente sea independiente del poder ejecutivo.

En lo tocante a los desaparecidos, finalmente el Gobierno aceptó que en Coahuila hay 7 mil 200, cosa que no es como para ponerse a llorar sino a gritar, a exigir, a atacar. No es tan importante conocer la cifra sino el desagravio. Primero encontrar a las personas o sus cuerpos; segundo, hacer análisis de ADN para identificarlos; tercero, castigar a los culpables (no sólo los secuestradores y asesinos sino también los funcionarios que los dejaron hacer). Retomo el clamor de las Familias por Nuestros Desaparecidos: ¡no al perdón ni al olvido!, ¡sí a la justicia!

Leer los acontecimientos sin una guía es casi imposible porque no tenemos la seguridad de que es verdad lo que nos cuentan; al contrario, sabemos que durante décadas han dejado pistas falsas. Necesitamos saber qué significa cada palabra, acción, hecho y actor. Si sabemos que los coahuilenses debemos 37 mil millones es un dato que no sirve de mucho. Es una cifra. Lo que requerimos es saber por qué esa cantidad y quiénes son los que se quedaron con varios de esos miles de millones que desaparecieron inexplicablemente. Se ha dicho que saldrá la mugre. Cierto, pero ya pasaron demasiados años y los ladrones están limpiando huellas.

La comisión encargada de la verdad para el caso Ayotzinapa es una buena señal. Hay que felicitar esa iniciativa de López Obrador, pero también acá hace aire. Nos alegra que se conozca lo sucedido a los 43 y que sus familiares tengan una esperanza. Ahora sigue Piedras Negras, Allende, San Pedro, Torreón y Saltillo. Los guerrerenses comprenderán que el dolor no es propiedad de un grupo sino de otros que, como ellos, luchan por sus desaparecidos.

La ausencia del Estado se dio en varias entidades: Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Durango, Chihuahua, Veracruz, Guerrero y Sinaloa. En nuestro caso sabemos que en Piedras, Torreón y Allende hubo ausencia del Gobierno, ¿o presencia aprobatoria? Eso se nombra Estado fallido y no puede ser definido de otra manera. Fuimos testigos de que había grupos armados retando al Estado mexicano y que éste guardó silencio.

¿Por qué será que no comprendemos lo que pasa a nuestro alrededor si tenemos informaciones? Lo debemos a los años de ignorancia, a la corrupción institucionalizada, a la forma que ha tomado el dominio de los gobernantes. Al menos los dos sexenios anteriores los vivimos con miedo. Ahora vemos una rendija de luz y deseamos que no se cierre, sino que se abra más para ver mejor.

Jorge Luis Borges, conservador como era, tuvo palabras fuertes contra la tiranía. Dijo que un dictador no sólo acaba con la riqueza sino también con la imaginación; idiotiza al pueblo. Tengo la impresión de que hemos tenido dictadores, aunque disfrazados con piel de oveja. Acabaron con nuestros recursos, permitieron o incluso participaron en el infinito desorden que hemos vivido. “El Peje” dice que propondrá una consulta para ver si queremos que se enjuicie a los expresidentes. Cuenta con mi voto, pero ¿por qué no nos pregunta también si pedimos lo mismo para algunos exfuncionarios? Sería más parejo, más justo. Desearía que él lo entendiera.