Empresarios comprometidos con el crecimiento social y la cultura decidieron rendir homenaje, a la contribución que la mitad femenina de nuestra comunidad ha realizado en la ciudad

 Cumplir años es, en sí mismo, un hecho que invita a la celebración. Se trata del día del calendario en que se ha concluido un ciclo y se inicia uno nuevo. Se ha llegado a la meta y arranca el desafío de volver al punto de partida una vez más, pero con mayor experiencia.

En el caso de las ciudades, el día de su aniversario es, además de motivo de celebración, momento para atisbar en el futuro y analizar la forma en la cual, los habitantes de hoy, honramos el legado que recibimos y contribuimos a construir un futuro mejor.

Porque las ciudades, a diferencia de las personas, están en permanente construcción, en perpetua evolución, en crecimiento constante que no implica necesariamente crecimiento dimensional sino, sobre todo, crecimiento comunitario, es decir, mejor calidad de vida para quienes le habitan.

Y en el proceso de crecimiento comunitario el aniversario de la ciudad debe convocarnos a revisar la aportación que individualmente realizamos al progreso colectivo, a la eliminación de los elementos que impiden u obstaculizan la conquista de nuestros mejores propósitos.

En el caso de Saltillo, una ciudad que se aproxima a los cuatro siglos y medio de vida, la revisión de los aportes debe servir no solamente para calificarlos en términos de su valía, sino también para reconocer lo que individuos, grupos o colectivos han hecho y hacen para alentar el crecimiento comunitario.

Desde esta perspectiva, un grupo de empresarios comprometidos con el crecimiento social y la cultura decidieron rendir homenaje, en el aniversario de la ciudad, a la contribución que la mitad femenina de nuestra comunidad ha realizado y realiza para construir la ciudad.

Feliz iniciativa la anterior, pues no solamente se ocupa de refrendar el amor por nuestra tierra y el orgullo que implica ser saltillenses, sino que nos recuerda, en un momento coyuntural de la historia, que la biografía de nuestros pueblos, de nuestras comunidades, se escribe a cuatro manos y con tinta de dos colores, de dos densidades, de dos texturas.

No se trata sólo de hacer evidente la dimensión binaria de nuestra historia, sino de poner el énfasis en la complementariedad de los dos hemisferios y de cómo las páginas de nuestra biografía se leen mejor cuando abandonamos la visión monocolor.

Millones de manos han contribuido a lo largo de estos 442 años a moldear el paisaje de nuestra ciudad. La mitad de esas manos son femeninas y su aportación no sólo debe ser valorada y reconocida. Además de eso es preciso asumir que sin la impronta femenina de nuestra historia no habríamos logrado llegar hasta aquí.

En VANGUARDIA hoy, como todos los días, celebramos el orgullo de haber nacido en Saltillo, refrendamos el compromiso de seguir sirviendo a nuestra comunidad y asumimos el reto que implica voltear hacia atrás para inspirarnos y plantar los pies con firmeza en el camino hacia el futuro.

¡Feliz aniversario, Saltillo!