Hay una cultura ‘de sufrimiento en sIlencio’, porque se conocen las raterías de los gobernantes, su desaseo, y aún así se siguen votando por los mismos de siempre

Los náufragos de los que escribe Homero en su Odisea, llegaron con sus naves extraviadas a una isla en la que sus habitantes se alimentaban de una planta “dulce como la miel”, el loto. Los marineros lo probaron y les gustó, pero había una consecuencia, la flor de loto les provocaba el olvido, les quitaba sus recuerdos. Se les olvidó Ítaca, su patria, donde estaban su familia y su hogar, y solo la determinación de Ulises, los salvó. Tuvo que llevarlos casi a rastras hasta las naves para embarcarlos y regresar a casa. Homero nos da una lección espléndida porque nos dice que olvidarse equivale a desentendernos de nuestra historia. Y cuando esto sucede, solo nos queda el balbuceo vacuo de la desmemoria. Por eso la gritería grosera se impone, es la barbarie que se burla de una autoridad que no es autoridad, es la violencia en todo su insultante desparpajo, es el abuso montado en la impunidad, absolutamente consentido.

A los mexicanos hace mucho tiempo que se nos olvidó —otros ni enterados están— que efectivamente, tenemos derechos, pero que el ejercicio de estos se encuentra limitado a lo dispuesto por la ley. Y al Gobierno, un gobierno sin patria ni matria, también se le “olvidó” que su primer deber es hacer que la ley se cumpla, y sancionar a quien la violente. En el sur de nuestro País están ocurriendo hechos a los que el orden jurídico tipifica como delitos, pero quienes los están cometiendo ni sudan ni se abochornan, porque no media castigo alguno.

En el artículo 6 de nuestra Constitución federal se establece  con claridad meridiana que: “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público…”

Los maestros de la CNTE y cumbamba que los acompaña, por supuesto que tienen derecho a manifestar que están en contra de la reforma educativa, pero eso no los autoriza a la barbarie que están cometiendo  con los habitantes de aquella entidad federativa. Tienen secuestrados los caminos, están provocando un caos en la vida de la población, hacen destrozos en bienes ajenos,  cometen raterías a ojos vistas, agreden física y verbalmente a quien se les ponga enfrente, es decir, están haciendo todo lo que está prohibido y la autoridad ¡NO ACTÚA! Y puede hacerlo, está facultada para eso. Si a usted o a mí se nos ocurre hacer la décima parte de los desmanes de los ínclitos, en menos que canta un gallo nos aprehende la policía, nos integran averiguación, nos acusa el Ministerio Público, nos enderezan juicio, dictan sentencia y nos refunden en la cárcel. Pero con los disidentes del magisterio hay invitación al dialogo…hágame —le tomo prestada la frase, don Armando — “el refavrón cabor”—  Están dañando a los más pobres de entre los pobres, y discúlpenme la analogía con el chiste panzón —como decía mi suegra— de aquel padre que encuentra a su hija menor de edad con el novio, en la sala de su casa, teniendo relaciones sexuales, y lo único que hace es … DESHACERSE DEL SOFÁ…

 La tragedia de México es que nos estamos transformando en una sociedad fragmentada, pedazos de un continente que no obstante que pagó con ríos de sangre convertirse en nación, hoy lo  mutilan la ausencia de valores, el desprecio por la ética y la ceguera que produce la soberbia. Hoy se actúa con más impudicia que nunca, las convicciones son como el agua, se adaptan a cualquier vasija, la rapiña está a la alza, se mientan madres contra el gobierno, en privado, en público se hacen “negocios”, se firman contratos y se le festina. Allá en Oaxaca hacen puentes aéreos para llevar alimentos a los olvidados de todos…se deshacen del sofá.

No sé si reírme o soltar el llanto. Los “maistros” son intocables, sus crímenes ¿a quién le importan?

El océano se engulle a las islas…¿Será posible que aquí suceda? ¿Lo vamos a permitir?