Recientemente se ha discutido sobre la continuación o no de las inversiones en el Nuevo Aeropuerto Internacional de México, al tiempo que se habla de la futura construcción de dos refinerías de petróleo. En ambos casos, es indispensable entender en qué clase de negocio nos estaríamos metiendo los mexicanos, a fin de tomar una decisión que favorezca nuestras perspectivas de crecimiento económico y generación de empleo. Por ello me permito compartir unos datos que puedan enriquecer las reflexiones sobre estos temas.

La industria petrolera, y en particular la de refinación, necesita de muchos recursos, tanto técnicos como económicos, para poderse desarrollar. Además, la industria de refinación tiene muchos competidores a nivel mundial; tantos que en EU existe capacidad sin utilizar en muchas refinerías. Es una industria que cuesta mucho y deja poca ganancia.

Los márgenes de operación de las empresas de refinación, es decir el porcentaje de utilidad que queda a las empresas de todas sus ventas, son sumamente bajos. En 2017, por ejemplo, de cada 100 dólares que vendieron las refinerías de Estados Unidos, únicamente recibieron 4.9 dólares de ganancia en promedio.

En este sentido, la refinación constituye un negocio sumamente riesgoso. Imaginemos: si aproximadamente la mitad del costo de un litro de gasolina corresponde al petróleo crudo necesario para producirlo, bastaría un aumento de 10% en el precio del mismo para que esos márgenes desaparecieran. Esto último ante la dificultad que existe para aumentar los costos de la gasolina al público para mantener los márgenes.

Impulsar un negocio de refinación en México enfrentaría obstáculos adicionales. Por una parte, Pemex tiene uno de los índices más altos del mundo de número de empleados por barril producido; además su subsidiaria de Transformación Industrial, que incluye a las 6 refinerías de su propiedad, fue la que más pérdidas tuvo de toda la empresa, con casi 50 mil millones de pesos en 2017, o sea el equivalente a 100 veces el presupuesto anual de Sectur.

Otro elemento a considerar es que, mientras el costo de construir una refinería de gran capacidad como las que se plantean (de unos 300 mil barriles diarios) no es menor a 5 mil millones de dólares, hoy Pemex podría comprar una refinería similar en operación en Estados Unidos y desde ahí surtir al mercado mexicano, por menos de una quinta parte de lo que le costaría construirla desde cero.
En contraste, los aeropuertos son proyectos muy rentables en la mayor parte del mundo. Por un lado, representan un cuasi monopolio, pues sólo compiten de manera indirecta con aeropuertos cercanos, cuando son pequeños, o con otros hubs internacionales, en el caso de los grandes aeropuertos. Esto significa que los dueños de los aeropuertos pueden cobrar altos precios por sus productos.

Además los ingresos de los aeropuertos están diversificados entre servicios de transporte de pasajeros, de carga, operaciones de mantenimiento, aviación general, concesiones comerciales, estacionamientos, y muchos otros servicios. Gracias a estas características las empresas operadoras, que en muchos casos pertenecen a gobiernos, tienen márgenes de utilidad con los que una petrolera no puede siquiera soñar.

El año pasado el margen promedio de las cuatro operadoras de aeropuertos que hay en México fue de 43.3%, es decir, que de cada 100 dólares que vendieron, tuvieron una ganancia de 43.3 dólares. Casi 10 veces más que las refinerías más eficientes del mundo. Las principales operadoras europeas, por ejemplo, lograron un promedio un poco menor, pero aun así lograron márgenes de 30.2% en promedio.
Además, un aeropuerto de gran calado como el NAIM es un importante generador de empleo. El aeropuerto de Los Ángeles, California, genera más de 50 mil empleos directos, mientras que una refinería promedio genera alrededor de mil empleos.

Pienso que todo esto debe llevarnos a una profunda reflexión: ¿por qué si a un proyecto ya tan avanzado y con tantos beneficios comprobados como el caso del NAIM se le piensa poner a consulta de la población, no debería haber una reflexión adicional sobre la conveniencia de invertir los recursos de los contribuyentes en refinerías de petróleo?