Standard & Poor’s informó y la derecha mexicana aplaudió al aliado: se vaticina un negro panorama para la economía mexicana. No dejó “títere sin cabeza” y calificó de “negativa” la perspectiva de calificación de deuda (para financiamiento) emitida por varias de las principales empresas y entidades financieras del País, adecuándola con la perspectiva al gobierno mexicano.

Pemex, CFE, América Móvil, Telmex, Telcel, Coca Cola Femsa, tiendas Liverpool, BBVA Bancomer, Banorte, Citibanamex, HSBC, Inbursa, Scotiabank y la banca gubernamental de desarrollo. Así avisa que en la próxima revisión se reducirá la calificación de emisión de deuda de estas empresas paraestatales y privadas, es decir, que se encarece el costo que se paga por deuda contratada y de nuevas emisiones, por tanto contarán con menos recursos para inversión directa.

La calificadora amplió el horizonte negativo porque, según ésta, identificó riesgos de menor crecimiento económico y desequilibrio fiscal –menos recaudación–, por la situación endeble de Pemex y sus compromisos financieros avalados por el Estado, esto como contagio de mayor riesgo. Pero analicemos.

La petrolera estatal sí tiene problemas financieros pensionarios y jubilatorios, con incremento de 847,3 millones en enero pasado, siendo de 2,054.7 millones; por tanto la deuda aumentó 61,044.6 millones, que superó a los dos billones de pesos.

Pero hay estrategias de reactivación. Según la Secretaría de Hacienda, en enero de este año, para construcción, mantenimiento y bienes de capital la petrolera erogó 36 mil 277 millones de pesos (mdp) (10 mil 858 mdp más que en enero de 2018); así, en ese mismo mes el gasto programable creció a 49 mil 948.5 mdp (40 mil 318.8 mdp en enero 2018); en el mismo mes intereses y gastos de administración de deuda bajaron a 15 mil 612.1 mdp (el año pasado 19 mil 622.9 mdp); se busca refinanciar 6 mil 600 mdp de dicha deuda.

S&P no considera: esfuerzos para reducir la corrupción –incluido Pemex y el robo de combustible–; reajuste presupuestal sin déficit; nueva política económica que incrementa gasto en infraestructura productiva con efecto multiplicador (energía, turismo, red de caminos rurales y suburbanos, transportes, etc.); incremento salarial y transferencias sociales directas para dinamizar la demanda interna. Nada, desde las alturas pontificaron.

Esta perspectiva negativa no la detectaron en años anteriores con crecimiento estancado; insuficiente gasto público federal en infraestructura (200 mil mdp promedio); amplio gasto corriente del Gobierno Federal (más de un billón de pesos); deuda pública de más de 10 billones de pesos (sólo de intereses en 2019 se pagarán 749 mil 100 mdp); tasas de interés crediticias exageradamente altas; caída de inversión en capital fijo; ya desde hace años decisiones tecnócratas provocaron graves problemas en Pemex (menos producción y dependencia energética); entre otros rubros que no indicaban buen rumbo económico. Los tecnócratas evaluadores no vieron, o no quisieron ver, evidencias negativas en la economía del País.

S&P, Moody’s y Fitch Ratings como calificadoras internacionales no tienen amplio reconocimiento mundial, percepción que incluye países de la Unión Europea y los gobiernos de China y Rusia. Algunos de sus sospechosos errores: 2001, no se detectó la caída de la energética Enron; 2007, calificaron AAA las Obligaciones de Deuda Colateralizada (CDO) cuando eran inversiones basura; 2008, en Estados Unidos no previeron la quiebra de hipotecarias y aseguradoras que provocaron la crisis y tampoco detectaron la quiebra del gigante financiero Lehman Brothers; 2010, provocaron pérdida de mil millones de dólares del Fondo de Pensiones de California; entre otros yerros.

Sus vaticinios pueden impactar mercados financieros, aunque por la reciente perspectiva negativa no se depreció drásticamente el peso, inclusive en este entorno las cámaras empresariales y el Gobierno Federal acordaron incrementar la inversión directa, reducir la pobreza y atacar la corrupción.

Las desacreditadas calificadoras difunden su ideología conservadora respaldada en una ciencia sólo matemático-administrativa, economía neoliberal de fantasía, de ahí su demérito y para países con gobiernos de centro izquierda son oráculos del chantaje. El tiempo lo dirá.