Una de las consecuencias más visibles de la pandemia del Coronavirus SARS-CoV-2 es que ha vuelto evidente la necesidad de acelerar la migración de nuestras actividades hacia el mundo digital. O, si se prefiere, ha eliminado los pretextos para emprender esa ruta.

No se requería el surgimiento de una contingencia sanitaria de esta magnitud para evidenciar la necesidad de simplificar y modernizar procesos; eso estaba claro desde hace mucho tiempo e incluso en algunos aspectos la tarea de transformación ya había sido iniciada.

Sin embargo, el sector público constituye uno de los de más difícil transformación y por ello, pese a la evidencia, múltiples tareas siguen haciéndose de manera manual o sin el uso de herramientas digitales, con los previsibles resultados que ello implica.

Un ejemplo dramático de esta circunstancia se incluye en el reporte que publicamos en esta edición, relativo a la convocatoria para atender las solicitudes de cambio de escuela, emitida por la Secretaría de Educación de nuestra entidad.

Como pudo constatarlo cualquier que circulara ayer por el área donde se ubica el edificio de la SEDU en Saltillo, cientos de padres de familia acudieron a realizar dicho trámite que sigue requiriendo la presencia física del solicitante.

¿Por qué no se ha diseñado un mecanismo que permita a cualquier persona realizar ese trámite vía web? ¿Es demasiado complejo atender a quienes lo requieren vía telefónica? ¿Por qué es necesario formarse en persona para recibir una ficha y obtener un turno de atención?

No existe razonamiento lógico posible para justificar el que un trámite como éste requiera forzosamente que las personas acudan personalmente ante la autoridad”

Las preguntas anteriores pudieron formularse un día cualquiera, con o sin la presencia de un virus que ha convertido en necesidad elemental el mantener una cierta distancia entre las personas, además de observar otras medidas de precaución ante el riesgo de contagio.

Pero estas últimas circunstancias obligan necesariamente a preguntar qué están esperando las autoridades de la SEDU para transformar sus arcaicos métodos para realizar trámites y que, más allá de hacer perder el tiempo a las personas, pueden transformarse en focos de propagación del virus.

No existe razonamiento lógico posible para justificar el que un trámite como éste -o casi cualquier otro- requiera forzosamente que las personas acudan personalmente ante la autoridad. Y esto es así, sobre todo, porque se cuenta con múltiples alternativas más eficaces que ésta, pero que sorprendentemente la autoridad no parece dispuesta a explorar.

Lo peor de todo es que, si para modernizar su tramitología la autoridad educativa muestra estos niveles de indolencia e incompetencia, resulta muy difícil ser optimistas en torno a la posibilidad de que los contenidos educativos y la fórmula a utilizar para desarrollar el próximo ciclo escolar vayan a estar a la altura de las demandas del momento.

Valdría la pena, desde luego, escuchar la argumentación de las autoridades de la SEDU respecto de las razones por las cuales sigue sosteniendo métodos de trabajo que ignoran las herramientas digitales.