Volodimir Zelenski. Foto: Especial
El actor cómico y novato en política, Volodimir Zelenski logró una abrumadora victoria en la elección presidencial de Ucrania

Moscú. Anticipado por todos los sondeos de intención de voto, el triunfo de Volodymir Zelensky –en el balotaje para elegir presidente que se llevó a cabo este domingo en Ucrania– era tan previsible que la única sorpresa hubiera sido que ganara el actual mandatario, Petro Poroshenko.

Ya la primera vuelta de votación demostró que la mayoría de los habitantes de ese país eslavo con derecho a acudir a las urnas está decepcionada de los políticos tradicionales, cuyo desempeño asocia con medidas draconianas que golpean el nivel de vida de la población, aplaudidas sólo por los organismos financieros internacionales, y los interminables escándalos de corrupción habituales para la clase política ucrania.

Ahora, tres semanas después, el electorado sólo reiteró su confianza a un comediante de 41 años de edad sin experiencia en la conducción del Estado que prometió “romper el sistema”.

Las encuestas de salida otorgan a Zelensky 73 por ciento de los votos depositados frente a 27 por ciento de Poroshenko, quien se prepara para encabezar la oposición.

Con la elección de Zelensky, que tomará posesión a más tardar el 3 de junio siguiente (dependiendo de cuándo se anuncien los resultados definitivos), en esencia nada va a cambiar en Ucrania, cuyo sistema político restringe las facultades del Ejecutivo sin el respaldo de una amplia coalición en el Legislativo, sobre todo en materia de política económica.

A la fecha, el vencedor en las presidenciales carece en la Rada de bancada (sin contar tres espontáneos que ya se lanzaron al ruedo de las adhesiones) y cuyo partido político, Servidor del Pueblo –como también se llama la serie de televisión que lo lanzó al estrellato–, está en pleno proceso de formación.

Mucho dependerá de lo que haga Zelensky en los primeros cien días de su presidencia para convencer a los que dudan que representa una alternativa efectiva de gobierno, calificándolo de producto mediático del magnate Igor Kolomoisky, pero optaron por favorecer el voto de castigo a Poroshenko.

Kolomoisky, que se tuvo que exiliar en Israel perseguido por Poroshenko, cuenta las horas para regresar a Ucrania y recuperar la joya de su emporio el nacionalizado Privatbank, sobre todo después de que ya tres cortes de Kiev, cuyos jueces supieron captar de dónde soplan los nuevos vientos desde que Zelensky ganó la primera vuelta, determinaron la ilegalidad de diferentes aspectos del decreto de expropiación.

La incertidumbre –entre un comediante con ganas de demostrar que es más que un intérprete de situaciones cómicas que ridiculizaron al mandatario ucranio y un Parlamento sin deseos de apoyarlo para no cometer suicidio– se mantendrá al menos hasta que se celebren los comicios legislativos el próximo 27 de octubre, que deben renovar la composición de la Rada.

Zelensky se impuso con los votos de los perdedores en la primera vuelta, mientras Yulia Tymoshenko, la tercera mejor votada hace tres semanas, no quiso establecer una alianza con ninguno de los protagonistas del balotaje y, según los rumores, rechazó el ofrecimiento de ser primera ministra que le hicieron ambos candidatos.

Con dos candidatos que, salvo matices, se sitúan en el mismo campo político, orientado más hacia Bruselas que a Moscú, es la primera vez –en la historia postsoviética de Ucrania– que no se enfrentaron en las urnas dos proyectos de gobierno antagónicos, basados en las características (raíces, religión, idioma, etc.) que hacen que convivan dos países en uno con la Ucrania occidental y la Ucrania del este, a pesar del conflicto armado que –en una parte del territorio de las regiones de Donietsk y Lugansk, colindantes con Rusia– lleva ya más de 13 mil muertos por ambos lados.

De acuerdo con recientes investigaciones demoscópicas, desde la anexión de Crimea hace cinco años, en las regiones orientales catalogadas de pro rusas, se produjo una clara dicotomía entre los votantes de Zelensky en lo que se refiere a cuestiones clave como la actitud respecto de Rusia, la intención de reforzar nexos con la Unión Europea o la posibilidad de ingresar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte: igual número brinda su apoyo que el que se opone.