Recientemente, el 3 de diciembre para ser precisos, se dieron a conocer los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) correspondientes al 2018. La prueba se realiza cada tres años y su objetivo toral es evaluar los conocimientos de estudiantes de 15 años en las áreas de lectura, matemáticas y ciencia, y su aplicación en problemáticas relevantes actuales. Asimismo, evidencia la calidad y equidad del aprendizaje alcanzado en el salón de clases, dando lugar a que los gobiernos y especialistas en educación sepan del desempeño en otras latitudes del mundo y puedan tener elementos objetivos para el comparativo. El énfasis en esta ocasión fue para el desempeño en el área de lectura, donde el promedio global fue de 487 puntos de 600. La participación fue importante: 79 países, 600 mil estudiantes, además por primera vez se añadió un cuestionario vinculado a materias vivenciales, como son las finanzas personales y el trabajo en colaboración. Los países latinoamericanos obtuvieron puntuaciones menores al promedio, que fluctuaron entre 417 y 418.

En nuestro País se evaluaron, según los datos publicados, 7 mil 299 estudiantes, representando al casi millón y medio de jóvenes de 15 años. La directora general de la OCDE dio a conocer que, acorde con los resultados obtenidos, “los jóvenes tienen dificultades en aspectos básicos de la lectura”. Y por supuesto que eso es preocupante, se trata de lectura de comprensión. Destacó que sólo el 1 por ciento mostró habilidades avanzadas en la comprensión de textos largos. México obtuvo un rendimiento de 420 puntos en lectura, 409 en matemáticas y 419 en ciencias, mientras el promedio de la OCDE se ubicó en 487, 489 y 489, respectivamente –por debajo de Chile, Uruguay y Costa Rica–, lo que nos pone por debajo del promedio. Si además, como lo señalamos en párrafos anteriores, la prueba mide habilidades y habilitación en nuevas tecnologías y nuevos contextos, su limitación para desarrollar un pensamiento complejo los ubica en desventaja en la competencia de la vida real que tendrán que enfrentar en el futuro. México está en los últimos tres lugares en este ranking.

Hoy día el mercado laboral demanda profesionistas que “gocen” el reto de nuevos aprendizajes, con habilidad para aprender por cuenta propia y con pensamiento crítico para saber tomar decisiones. De ahí la relevancia de que la educación que se imparta en nuestro País responda con creces al desarrollo de esas competencias sine qua non. La realidad es que está estancada. ¿Por qué? La doctora en política educativa de la Universidad de Stanford, Jennifer O’Donoghue, explica que el sistema educativo mexicano tiene fallas en la concepción de la política educativa y que no se diseña en base a evidencias, sino a intereses políticos. ¡Toma…! ¿Quién es ella? Ya dijimos sus títulos académicos. Ha vivido en México desde hace 15 años y tiene dos hijos mexicanos, de 14 y 9 años. También es investigadora y docente, se ha desarrollado en torno de la educación básica y la defensa de los derechos humanos. Ha conducido y participado en numerosas investigaciones en escuelas y organizaciones comunitarias, evaluando programas y políticas educativas en México. No habla de oídas.

Y tiene toda la razón. Hemos visto como se echó por la borda una reforma educativa que sin ser la panacea estaba abriendo camino para que en este país se educara, al fin, para la autosuficiencia, para la libertad, para descubrir los talentos innatos que todas las personas tienen, para perder el miedo a cuestionar y hacerlo con argumentos racionales, para enseñar “a pensar intensa y críticamente”, parafraseando a Martin Luther King, para contribuir a lograr una sociedad más justa, productiva, equitativa, solidaria, inclusiva, próspera, tolerante y forjadora de una cultura de paz en la que se afirme la identidad nacional sustentada en la riquísima diversidad cultural que tiene México, para superar la pobreza e impulsar el desarrollo de cada mexicano provocando que se realice a plenitud como persona.

Pero hoy estamos a años luz. Y eso me indigna, me agravia y me entristece como mexicana. Y ¿sabe qué es lo más duro de digerir? Que es un lastre que tenemos décadas de venir arrastrándolo.