Ilustración: Vanguardia/Esmirna Barrera
Un líder es cualquier persona que ha decidido encontrarse a sí misma, que ha sido capaz de descubrir su misión de vida y hacer de ella su vocación

No importa cuán estrecha sea la puerta, /
Cuán cargada de castigos la sentencia. /
Soy el amo de mi destino: Soy el capitán de mi alma”.
William Ernest Henley, poeta inglés. 
Y ojalá llegues a ser lo que ya eres”.

Píndaro, filósofo griego. 

En estos tiempos es frecuente hablar de la necesidad de encontrar líderes. 

Las empresas, los partidos, las instituciones y, en general, la sociedad los busca, pero parece ser que entre más se solicitan, menos se encuentran. Por ello las escuelas, universidades y demás instituciones educativas se afanan en formar líderes e, inspiradas por este noble propósito, diseñan e imparten los más variados cursos y diplomados. También miles de libros se escriben en relación al liderazgo, hay, inclusive, autores que prometen convertir a una persona en “líder” en sólo 12 lecciones; sin embargo, aunque sí es posible adquirir competencias para tal objetivo, “ser” un auténtico líder implica mucho más que todo eso. 

Por ejemplo, en tiempos de contiendas electorales es común observar que brotan, como si fuera una epidemia, personas que sufren delirios de grandeza, personas que en su intento de ganar votos hacen promesas de cambio, de honestidad, pero la verdad es que la gran mayoría de ellos, con sus precarias demagogias, secuestran las ilusiones y conciencias de quienes, desgraciadamente, les creen. Y esta realidad no sólo sucede en el ámbito político, sino además en el sector empresarial y educativo.

Estos pseudolíderes ciertamente son dañinos. A ellos se les distingue por su impotencia espiritual, por sus intenciones ocultas y, sobretodo, si observamos bien, pronto nos damos cuenta de que son personas cuyas metas son alimentadas por el egoísmo y la mentira, pues su fin es alcanzar sus intereses mezquinos para acrecentar sus fortunas o famas personales.

PERFECCIÓN ESPIRITUAL

Existen estudios que intentan descifrar si acaso existen ciertas personalidades que expresan las “cualidades” de un líder, que se cuestionan si el líder nace o se hace, si el carisma es el pilar fundamental de quien puede ser considerado como tal.

Después de analizar algunos de esos estudios me inclino a pensar que no hay “rasgos compartidos” o “talentos inherentes” a una personalidad de liderazgo, más bien considero que líder es cualquier persona que ha decidido encontrarse a sí misma, que ha sido capaz de descubrir su misión de vida y hacer de ella su vocación, que ha aprendido a utilizar sus talentos y potencialidades naturales para no resistirse a ser quien en verdad es. En este sentido, una “personalidad” que evoca liderazgo la desarrolla quien es fiel a sí mismo y a sus creencias. Es decir, un líder es una autoridad moral.  

Bajo esta óptica, un líder es quien trabaja para no ser esclavo de sí mismo, pues anhela alcanzar su perfección espiritual, es quien ha decidido cambiar y transformar una existencia apática e indiferente por un caudal de vida positiva, es la persona que ha renunciando a la mediocridad.

Toda persona que no permite que se le escape la vida que puede construir el día de hoy por la ilusión de tener una vida mañana ya es un líder, pues el aceptar cada instante presente, tal como es, lo aleja permanentemente de la cobardía que sienten quienes se refugian  y añoran  el pasado o de aquellos que suelen temer a la incertidumbre del futuro.

A TODA PRUEBA

El auténtico líder es ejemplo, es autoridad moral, no transfiere sus errores a otros, tampoco los culpa por los resultados de sus propias acciones, sabe que no puede perfeccionarse si no forma parte de los demás. De ahí que busque continuamente mejorar en lo humano, espiritual, intelectual, y formar una voluntad a toda prueba.

Nunca vive aislado, por eso no teme abrirse, se compromete con los demás, los enseña a vivir, sabe que la independencia sin compasión es egoísmo y que la dependencia provoca almas estériles, por eso busca la interdependencia; acoge a los demás en sus sueños, pero también comparte con ellos el fruto del trabajo que cotidianamente emprende. 

Sabe que su grandeza esta en darse, en vaciarse; ha aprendido que al desapegarse de sí mismo estimula a sus semejantes para que encuentren sus propios caminos. El líder auténtico, con el paso del tiempo, se convierte en un oasis en el que los otros encuentran descanso y anhelos.

FORTALEZA DE ÁNIMO

Un líder posee una fuerte autoestima basada en la humildad de reconocer lo mucho que le falta por recorrer, es humilde con su propia humildad; es un convencido de sus personales sueños, tiene integridad; es entusiasta ante la vida y sus creencias son congruentes con su acciones; es sincero en sus propósitos, pero solidario con los empeños de los demás; inspira confianza entre aquellos que lo conocen, de ahí que muchos se convierten en sus fieles seguidores, siempre convence con su ejemplo y suele tocar el corazón de aquellos que les rodean..

Así es. Cada persona que se compromete con su misión de vida, que se empeña en lograr un desarrollo personal, que no se compara con nadie más, sino con él mismo, es un líder, pues ha reconocido que el éxito en la vida es un camino, no un destino. Que es una senda en la que, día a día, hay que acrecentar la felicidad propia y también las de sus semejantes. Por eso desea ser mejor, no por egoísmo, no por tener más, sino para ser y dar más.

Líderes también son las personas alegres, de actitudes positivas, que hacen lo que aman o han aprendido a amar lo que emprenden, que saben que su profesión u oficio no es un privilegio, sino una responsabilidad social. También son los que no acumulan, los que se hacen instrumentos para servir y mediadores para que otros encuentren. Ellos buscan el bien de sus semejantes, son generosos, dan su tiempo a causas nobles, son constantes, concilian, generan buena voluntad, son prudentes, tienen confianza y seguridad en sí mismos, tienen fortaleza de ánimo y espíritu de sacrificio. Me pregunto: ¿se puede aprender esto en una escuela?

El líder que aquí menciono no se encuentra en las tribunas ni en las caras de quienes dirigen causas, tampoco en los partidos políticos, más bien es menester buscarlo dentro de nosotros mismos, pues indudablemente ahí dentro hay la posibilidad de un líder. 

RUGBY

El líder que busca México en cada uno de los jóvenes es, precisamente, el que refiere el poema de William Ernest Henley (1849-1903), mismo que encontramos en la película  del año 2009, basada en la vida de Nelson Mandela y ambientada durante la Copa Mundial de Rugby de 1995 en Sudáfrica: “Fuera de la noche que me cubre, / Negra como el abismo de polo a polo, / Agradezco a cualquier dios que pudiera existir / Por mi alma inconquistable. / En las feroces garras de la circunstancia / Ni he gemido ni he gritado. / Bajo los golpes del azar / Mi cabeza sangra, pero no se inclina. / Más allá de este lugar de ira y lágrimas / Es inminente el Horror de la sombra, / Y, sin embargo, la amenaza de los años / Me encuentra y me encontrará sin miedo. / No importa cuán estrecha sea la puerta, / Cuán cargada de castigos la sentencia. / Soy el amo de mi destino: Soy el capitán de mi alma”.

Ciertamente, existe un líder en los corazones de las personas que se proponen a ser, a edificar, a conquistar su propia alma y que optan por el bien común, que son testimonio de los principios universales y los sublimes valores que rigen para bien la vida del ser humano. Incuestionablemente, existe un líder en el espíritu de las personas que se han dejado conquistar por la mano de Dios y que labran su propia trascendencia. 

Qué razón tuvo el filosofo al decir “y ojalá llegues a ser lo que ya eres”, pues ahí es donde se encuentra la génesis del auténtico liderazgo, ese que permanece siempre invictus: que no ha sido conquistado por la adversidad ni  tampoco seducido o, peor aún, vencido por el éxito o la soberbia. 

cgutierrez@itesm.mx
Programa Emprendedor 
Tec de Monterrey 
Campus Saltillo