Las fotos de la mayoría de las postales se tomaron en un estudio y algunas precisan los apellidos del autor y la dirección, como Escalona y Pedraza, Calle Ancha 115, México. En la imagen una pareja de enamorados. Foto La Jornada
Mónica Savage/La Jornada
México, D.F..- ¿Puede un amor entre dos personas, que nació casi al mismo tiempo que la Revolución Mexicana, perdurar hasta el día de hoy? Más de 170 tarjetas postales relacionadas con el movimiento armado y con la pasión, cariño y hasta la devoción que un hombre puede tener hacia una mujer comprueban que las emociones de afecto perduran mediante la palabra y las imágenes.
Las postales son testimonio de la existencia de una hermosa historia de amor de principios del siglo XX, que germinó en pleno movimiento armado.

Manuel J.R. escribió a partir de 1912 y hasta 1914 a María de los Dolores Correa, a quien de cariño llamaba Loló. Las imágenes forman parte de un archivo familiar y en ellas están plasmadas tanto símbolos de guerra, como de amor: combatientes de la Independencia de México, niños que posan felices en medio de árboles y flores, plazas públicas de Venecia, Italia o pequeños que duermen junto con su ángel de la guarda.

También hay imágenes de personajes políticos, como Porfirio Díaz o se muestran escenas de luchas armadas, como la Decena Trágica.

Las fotos de la mayoría de las postales se tomaron en un estudio y algunas precisan los apellidos del autor y la dirección, como Escalona y Pedraza, Calle Ancha 115, México.

Lucha armada y cotidianidad

El contenido de las postales es un testimonio de quienes vivieron la lucha armada entre la vida cotidiana y el gran suceso de la Revolución que durante diez años agitó el suelo mexicano. En ellas, Manuel escribió no sólo de amor, sino también examina el proceso independentista, los días tristes por los que ha atravesado el país, las enfermedades que él mismo sufre, los conflictos familiares, la angustia que experimenta cuando no puede ver a su amada o su preocupación cuando ella está enojada.

Una de las imágenes muestra a varios soldados en combate, durante la Decena Trágica. La milicia está atrincherada y con fusiles, a la mitad de la calle de Balderas. Los símbolos expuestos en la postal hablan de guerra, no de amor; sin embargo, al reverso, Manuel confiesa el efecto de la seducción que ella, Loló, ha generado en su esencia: ".Va en esta mi primera avanzada; en ella va toda mi sinceridad y la bondad que haz hecho nacer tú, Lolina mía, tú, tú y tú, en el alma de tu Manuel."

Pero como muchas de las historias de amor, ésta no pudo escaparse de una arista de tristeza. Ante la mirada vigilante de sus familias, Dolores y Manuel tuvieron que vivir su amor, sobre todo, a través de su correspondencia, en vez de sus encuentros.

El 8 de septiembre de 1912, en una postal que muestra a dos niños que miran a la cámara con inocencia, el fondo gris de la postal refleja un gran ventanal y detrás de él aparece la imagen lejana de una iglesia y un árbol, Manuel escribió con letra diminuta: "¿Verdad que el Güero no te dejaría, Lolita? Mira Lolita, no nos dejan ir a la Covadonga. ¿Por qué?"

Diferencias irreconciliables

Según la historia de tradición oral, que ha conservado a través del tiempo este relato, Loló pertenecía a una familia conservadora y adinerada que apoyaba a Porfirio Díaz; Manuel, en cambio, coincidía con el movimiento revolucionario.

Las diferencias políticas de sus familias fueron insuperables, por lo que el deseo de Dolores y Manuel de convertirse en marido y mujer quedó truncado.

Un amor imposible. Ironías de la vida, la Revolución triunfó al paso de los años, mas no los besos, abrazos y esperanza de estar juntos de estos dos jóvenes enamorados.

Matilde Cañive contó esta historia de tradición oral a su familia, luego de que su maestra de literatura le dio como herencia las postales, entre los años de 1935 y 1941. María de los Dolores Correa, Loló, fue precisamente pariente de la profesora de literatura en la escuela secundaria número 5.

Con el paso del tiempo, el relato amoroso se fue transmitiendo a varias generaciones, puesto que las postales se heredaron a las descendientes de Cañive, junto con esta historia oral.