Sylvia Georgina Estrada
La emotiva imaginación del piano llegó de la mano de Yaron Kohlberg, que compartió su magia músical con el público saltillense
Cuando Yaron Kohlberg entró al escenario, el público conoció a un joven poseedor de una eterna sonrisa que conquistó a los asistentes que se dieron cita, el pasado martes, en el Teatro de la Ciudad Fernando Soler.

Pero más allá de su carisma, el músico israelita sedujo al público con su imaginación pianística y con la pasión con la que se entregó a su instrumento en las cerca de dos horas que duró el concierto.

La lluvia espantó a los amantes de la música clásica, pero los pocos valientes, que no sobrepasaron los 100 asistentes, disfrutaron de un pianista entregado, que no escatimó su talento. Fue su virtuosismo el que lo trajo a México, en donde realiza una gira por haber obtenido el primer premio del Concurso Internacional Parnassós 2006, auspiciado por el Instituto Nacional de Bellas Artes.

Las ejecuciones del pianista se convirtieron en un espacio impredecible y difícil, de pulso inconstante, donde la sonoridad se transformó en todo momento -de las tecladas pulsadas con velocidad delirante, pasó a la producción de sonidos graves y quietos- bajo la apariencia de que todo seguía una partitura mental. Kohlberg no necesitó de guía alguna, la música que interpretó vive en su memoria, en sus manos que recorren el piano con confianza absoluta.

El concierto inició con los acordes de "Sonata en Mi Mayor K282" de Wolfgang Amadeus Mozart. Interpretación que dejó al público absorto, totalmente concentrado en la música, ensoñación que retardó los aplausos y las exclamaciones de aprobación de los asistentes.

A pesar del rechinido de uno de los pedales del piano -que fue ajustado para la segunda parte del programa-, Kohlberg brindó una interpretación que hizo olvidar el molesto sonido.

El momento cúspide llegó con Chopin. Las notas graves, cargadas de oscura angustia inundaron el recinto. Los "Preludios Op 28", números 1, 2, 8, 15 y 24 mostraron la calidad del joven pianista, quien entregó una ejecución arrebatada.

La desolación del músico polaco fue transmitida con esta serie de lóbregas piezas, de carácter intimista. La muerte, las Náyades, la melancolía, son algunos de los temas sobre los que giran estas composiciones.

La convulsión musical continuó con "Balada Número 4 en Fa Menor Op. 54", que cerró una ejecución a fin de cuentas conmovedora. Los asistentes no dudaron en ovacionar al pianista con aplausos y vítores.

La segunda parte del programa cambió el tono del concierto. "Tres Danzas Jalisciences" de José Rolón y la "Sonatina P" de Ben-Haim, le dieron un giro alegre a la ejecución pianística.

El concierto terminó con dos estudios de A. Scriabine y con dos preludios de Debussy. "La Isla Alegre" de este último compositor cerró la noche, pieza que logró que los afortunados asistentes olvidaran la lluvia que caía constante sobre las calles.

Yaron Kohlberg ofreció un divertimento musical en donde las notas siguieron una trayectoria indeterminada, en ocasiones dinámicas y oscilantes, pero también arrebatadas y frenéticas. Caravana de colores y sonoridad que arrastró, a quienes se permitieron el viaje, a una brillante y alta noche en donde las partículas del piano saltaron veloces.