Por Nada Weigelt/DPA
Nueva York.-La imagen ya es legendaria: Jimi Hendrix "sacrificaba" su guitarra en junio de 1967 en el Monterey Pop Festival y la hacía arder ante decenas de miles de fans en California. Su actuación estelar convirtió de golpe al músico de color en ídolo del movimiento hippie en Estados Unidos: los hippies, en su mayoría blancos, lo consideraron la encarnación de la insurrección, la protesta y la crítica antibélica.
Pero en realidad Jimi Hendrix fue sobre todo un genial guitarrista, tal vez el mejor de todos los tiempos. Fallecido el 18 de septiembre de 1970 con apenas 27 años, el próximo martes 27 de noviembre habría cumplido 65 años.

Hasta ahora continúan circulando rumores sobre la muerte del excepcional artista. Su novia alemana Monika Dannemann, que se suicidió en 1996, estuvo bajo sospecha de haber buscado ayuda demasiado tarde. Incluso hubo hipótesis de asesinato y naturalmente especulaciones sobre una sobredosis fatal.

Pero de acuerdo con los indicios acumulados, el hombre que recorrió escenarios de todo el mundo como un violento huracán tuvo una muerte pequeña, casual y miserable. Tras una botella de vino y nueve somníferos de dosis aparentemente demasiado elevada se asfixió en su propio vómito.

De esta manera, Jimi Hendrix contó con cuatro años para su meteórico ascenso. En 1966, el ex bajista Charles "Chaz" Chandler llevó al "Swinging London" al músico estadounidense aún ampliamente desconocido en su país James Marshal Hendrix. Bajo el nombre de Jimi, inventado en el avión, buscaba presentarse a estrellas establecidas en Gran Bretaña como los Rolling Stones y The Who.

Junto con los bajistas Noel Redding y el baterista Mitch Mitchell, nació el trío The Jimi Hendrix Experience. Ya su álbum debut "Are You Experienced?" (1967) marcó un punto de inflexión. El virtuosismo del genial zurdo en su guitarra, su carácter polifacético y su creatividad musical lo convirtieron, sin pensarlo, en una superestrella. Con una intensa combinación entre soul, blues y rock, y algo totalmente nuevo.

Su estilo desprolijo, los cabellos tupidos y atados artesanalmente con una cinta, su instrumento trabajado con los dedos, labios y dientes, adorado y finalmente destruido se convirtieron en algo sin parangón para otro artista.

El amplificador de 100 watts en su Stratocaster permanecía siempre al tope. "La fe llega a las personas mediante la electricidad", sostenía. "Por eso tocamos tan fuerte. Queremos que nuestro sonido alcance directamente el alma de las personas".

Hendrix realizó una agotadora gira en primer lugar por Europa y, luego del Monterey Festival, también en Estados Unidos, llegando a 60 presentaciones en dos meses. Al mismo tiempo, tras un interminable trabajo de precisión surgieron sus otros dos álbumes en estudio:

"Axis: Bold As Love" (1967) y "Electric Ladyland" (1968).

Pero la fama exige su tributo. Nacido en Seattle (estado norteamericano de Washington) en un matrimonio destrozado y siempre vuelto a apartar, Hendrix pudo soportar sólo con dificultad la presión del éxito. Una y otra vez recurrió a estupefacientes, al alcohol y los medicamentos.

Sin embargo, sobre todo su propia imagen se le convirtió en un corset. Mientras que él quería continuar en su música, el público siempre exigía la reedición del show salvaje con el que se comercializó inicialmente y en forma deliberadasu imagen.

Hendrix se enemistó con su manager y sus compañeros en la banda.

En el Festival de Woodstock en agosto de 1969 se presentó con su nueva formación, con la que no obstante logró un sensacional éxito.

Su interpretación legendaria del himno nacional estadounidense "Star Spangled Banner" alimentó su reputación como héroe antibélico, aun cuando no veía con ojos tan críticos la Guerra de Vietnam.

A más tardar a comienzos de 1970 se produjo un distanciamiento entre el maestro de la guitarra y sus fans. El músico lucía cada vez más desganado en sus presentaciones, llegaba demasiado tarde o cancelaba compromisos.

En este contexto, una gira europea se convirtió en un desastre. Su colega de banda Billy Cox sufrió un colapso. Durante un concierto en la isla del Báltico Fehmarn el 6 de septiembre de 1970, Jimi Hendrix fue silbado, porque se había demorado un día. Finalmente tocó apenas un tema y abandonó el escenario, en lo que sería el último concierto del genial guitarrista.