Madrid, España.- El cineasta Arturo Ripstein recordó en Madrid el comienzo de su carrera y el tiempo aquel, hace medio siglo, cuando se sabía que un director extranjero había comenzado un rodaje y la "paciencia" que era necesaria hasta que la cinta llegaba a México para poder verla.
El realizador de filmes como "El castillo de la pureza", "La reina de la noche" o "Profundo carmesí", participó en una de las "Clases Maestras" del festival VivAmérica, que hasta el próximo día 14 ofrece más de 250 actividades culturales con decenas de artistas, pensadores y políticos de todo Latinoamérica.

El productor, guionista y realizador español Manuel Pérez Estremera, ex director de Televisión Española, actuó como interlocutor de Ripstein en el acto y le pidió a su amigo desde hace cuarenta años que recordara lo que fueron sus comienzos en el cine.

Pérez Estremera, que también ha sido director del Festival de Cine de San Sebastián, recordó cómo conoció a Ripstein en 1966 en la ciudad italiana de Pessaro, cuando el mexicano presentó allí su primer filme, "Tiempo de morir" (1965), con guión del colombiano Gabriel García Márquez.

Ripstein reconoció que para él fue "una fortuna" haber nacido en medio del mundo cinematográfico, como hijo del productor Alfredo Ripstein (1916-2007), lo que le permitió obtener el permiso de los directores para entrar en los rodajes y fundir a preguntas a los cineastas y a los equipos técnicos.

También dijo que cuando decidió que ese mundo iba a ser su profesión no había escuelas de cine en México y lo primero que aprendió lo encontró "en los libros y viendo muchas películas" en las salas de cine.

Entre los amigos de su padre estaba el español Luis Buñuel, al que recogía en su automóvil y llevaba gasta los lugares de filmación. "Mucha gente dice que yo fui su asistente, pero no fue así. Lo que sí hacía era llevarle un maletín en el que llevaba su 'finder' (un objetivo que usan los cineastas para encuadrar) y, muchas veces, un plátano".

"Unas veces me pedía el objetivo y otras veces el plátano, y yo se los pasaba; si eso era ser asistente"..., dijo Ripstein.

El cineasta expresó también con algo de melancolía cómo "se acabó" el mundo del cine "de antes" y citó como ejemplo el filme "La dolce vita"; la noticia de que el cineasta italiano Federico Fellini comenzaba el rodaje.

"Ahí comenzaba la emoción", dijo Ripstein, y explicó cómo iba en aumento la "necesidad imperiosa" de ver la cinta y esa larga espera hasta que la cinta llegaba a algún cine de México.

Esas cosas eran las que procuraban un "aprendizaje lento, producto de la paciencia y de la experimentación", pero el director mexicano considera que esos tiempos ya se acabaron.

"Por esa época -dijo-, García Márquez estaba en los primeros peldaños de su popularidad, pero hoy un realizador se convierte en una celebridad y pareciera que está en la cúspide de su carrera sólo con una 'opera prima'. Un horror".

"Tenemos ahora un género cinematográfico en el que hay muchos directores de 'opera prima' que ni siquiera llegan a la segunda, y ahí se les acaba la carrera para siempre".

Arturo Ripstein echa de menos la profesión de cineasta que se forja "paso a paso".