Agencias
Cd. de México.- A Francisco se le consideraba una persona con un "coeficiente intelectual superior al promedio"; de hecho, era tan bueno para los números que una institución de enseñanza privada le abrió sus puertas para que cursara una licenciatura en Contaduría.
Fue esa capacidad de discernimiento la que le permitió urdir un plan que lo llevaría a la bonanza económica: sólo tenía que morir, aunque, no sin antes tramitar seguros de vida en distintas instituciones bancarias, contratar varias tarjetas de crédito, así como préstamos hipotecarios y hasta comprar automóviles último modelo, a través del sistema de autofinanciamiento.

Luego, con ayuda de su hermana, un médico particular y el empleado de un servicio funerario, se quitó la vida... pero sólo oficialmente.

"El inteligente cree que es el único y que está rodeado de idiotas", asegura Rafael Mateos Pumián, fiscal de Asuntos Especiales de la Procuraduría de Justicia local, a quien fue encargado el caso, puesto que la rareza de este fraude lo pone fuera del área de acción de la Fiscalía para delitos Financieros.

"Yo creo que (Francisco) es una persona con un coeficiente intelectual superior al promedio; es lo que se dice una persona inteligente, abusado. Pero creo que en ese factor de inteligencia está precisamente su vulnerabilidad.

"Le gustaban los carros, las fiestas y la buena vida, de los cuales no podía proveerse de manera lícita. El paquete por el cual estaba asegurado -lo que tenemos conocimiento hasta el momento- es de 15 millones de pesos, pero estamos seguros que hay más", remata el fiscal.

Sin rigor... mortis

"Llené mi certificado y no vi el cadáver -narra, desde los separos de la Procuraduría de Justicia, Jorge Manuel Corrales Juárez, el médico de 29 años que autentificó la muerte de Francisco. Me contrató una funeraria, que se llama Cristo Rey, y pequé de inocente: vi a los familiares llorando porque su médico no llegaba para certificar y yo, inocentemente, lo hice".

Según los registros de la funeraria Cristo Rey, ubicada en la Delegación Iztapalapa, el cuerpo de Francisco fue velado e, incluso, cremado.

No obstante, desde el domingo pasado, el empleado que realizó dicho servicio no ha podido ser localizado por la PGJDF. Se dio a la fuga antes de dar explicaciones.

Fue hace dos meses que, con el certificado de defunción en mano, la hermana de Francisco acudió a Grupo Inbursa para cobrar el seguro de vida contratado con esa institución.

Fueron algunas irregularidades en la documentación presentada lo que puso en alerta a la aseguradora; luego, ésta dio aviso a las autoridades judiciales y, por medio de un discreto operativo de vigilancia, se pudo determinar el origen de las inconsistencias en el acta de defunción: Francisco Camacho McFarland, de 32 años, seguía vivo, oculto en el hogar familiar, en espera de que sus pólizas de vida fuesen cobradas.

Sin embargo, a la fortuna se le adelantó un equipo de policías judiciales que, luego de tocar a la puerta de la familia, se llevó consigo a Francisco, a su hermana y a su madre.

Contra Francisco y sus cómplices, el fiscal de Asuntos Especiales de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal fincó los delitos en tentativa y el agravante de fraude en pandilla, por lo que no alcanzan fianza y, de ser encontrados culpables, en la cárcel.

"Reconozco que fingí mi muerte -clama Francisco tras los barrotes, con los labios resecos y visiblemente nervioso. Mi mamá no lo sabe, es una persona mayor. De veras estoy arrepentido".