Cannes, Francia.- Los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, candidatos a una tercera Palma de Oro en 2008 con su nueva película "Le silence de Lorna", recuerdan en una entrevista con un pequeño grupo de periodistas que, "desgraciadamente, el cine nunca pudo evitar los peores crímenes".
Cuando pretendió cambiar la realidad, "fue siempre bajo regímenes totalitarios, el nazi o el comunismo estalinista", que lo utilizaron como "propaganda" alienante y manipuladora, se lamentan los cineastas.

Convicción que no les impide seguir filmando guiones donde ponen de manifiesto dilemas esenciales del ser humano.

Lo que podría darles, una vez más, el preciado galardón dorado de Cannes, pues su jurado de 2008, presidido por Sean Penn, anunció al unísono que sólo se lo otorgará a un gran filme si está, además, comprometido con su tiempo y con su gente.

En cualquier caso, con esta nueva y comprometida obra los Dardenne son conscientes de que, como máximo, podrán "provocar pequeños cambios" en el espectador, permitirle "verse y ver el mundo de otra manera".

De acuerdo siempre en lo que dicen, sonrientes y serios a la vez, relajados y afables, los célebres hermanos son los que sorprendieron al mundo del cine con la Palma de Oro de "Rosetta" (1999) y volvieron a conquistarla con "L'Enfant" (2005).

'Reciben' a la prensa en el "Club Unifrance", en el Centro Internacional de la Pantiero, junto al Palacio de los Festivales, donde se reunirá el jurado del premio Fipresci este sábado y donde se entregaran los premios Ecuménico y de cortometraje del certamen.

Desde allí, al igual que en ese mismo instante múltiples colegas de todo el mundo, en otros salones de Cannes, hoteles, terrazas y carpas playeras de lujo, los directores belgas intentan dar el máximo de entrevistas en el menor tiempo posible.

Nuestro grupo pasa justo antes de un equipo de periodistas japoneses.

Los Dardenne hablan de 'Lorna' (Arta Dobroshi), la bella y silenciosa ciudadana protagonista que tuvo que cortarse su amada y larga melena "para evitar gestos parásitos", que no significan nada, y porque "la veíamos con el pelo corto, simplemente".

Era así como surgía mejor "la dulzura de su rostro", sus ojos, buscados con tanto esmero como todo en el filme, incluido el vestuario, con el que "pasamos mucho tiempo", para intentar que los actores "no se peguen a la imagen que construyen al leer el guión," ni a las que puedan tener de sí mismos.

'Lorna', además, tenía que resultar "seductora y al mismo tiempo banal", sin llegar a la apariencia física de "una especie de mantis religiosa".

¿De dónde surgió esta nueva historia? De una real que los directores descubrieron hace 5 o 6 años cuando supieron de un drogadicto que iba a casarse por conveniencia con una joven albanesa, y de varios drogadictos aparecidos muertos de sobredosis en Bélgica tras haber aceptado mercadeos similares.

El ciudadano albanés que negociaba la boda proponía por supuesto dinero, el doble después del divorcio, a un "yonqui" que finalmente sigue soltero y escapó a la muerte, resaltan los Dardenne, quienes no dieron esa oportunidad a 'Claudy', su personaje.

"'Lorna' quiere ganar en todas las circunstancias", instalarse confortablemente en Bélgica, vivir con su amor, quedar bien con su contacto mafioso y salvar la vida a 'Claudy', pero eso es imposible, su silencio le asesina.

"Es culpable y eso duele. Hay gente que se vuelve ciega o que tiene problemas de locomoción, debido a problemas psíquicos", recuerdan los cineastas.

'Lorna' soñará luego con ocuparse del hijo, el fantasma de Claudy, que los directores ponen en paralelo con "Hamlet", de Shakespeare, y con la aparición del rey asesinado ante el joven príncipe.

Para los Dardenne, ese purificador remordimiento "humaniza" a 'Lorna', lo que sitúa su filme "más bien del lado de la esperanza".

Por el momento, estas son todas las alegrías que nos pueden dar.