En la imagen, la escritora Rosa Montero quien presentó su nueva novela "Lágrimas en la lluvia". Foto EFE
Elena Box/DPA
Enmarcada en su Madrid natal, pero en el año 2109, la novela retrata un mundo donde los humanos conviven con replicantes, androides diseñados para acometer unas funciones específicas.
Madrid, España (DPA).- ¿Cómo será la Tierra en el siglo XXII? La escritora y periodista Rosa Montero juega a embarcarse en un viaje al futuro en "Lágrimas en la lluvia", un trepidante thriller de ciencia ficción que acaba de aterrizar en las librerías.

Enmarcada en su Madrid natal, pero en el año 2109, la novela retrata un mundo donde los humanos conviven con replicantes, androides diseñados para acometer unas funciones específicas, como sucedía en la mítica "Blade Runner", pero con una vida limitada a diez años. Del final de aquel clásico de Ridley Scott tomó también prestado el título, "Lágrimas en la lluvia". Pero el resto es su mundo.

"'Blade Runner' es una obra maestra que habré visto como seis veces", cuenta en entrevista con un pequeño grupo de medios en un céntrico hotel de Madrid. "Me encanta esa idea magnífica de K. Dick (autor del relato en que se basa el filme) de un ser humano que tiene la vida tan absolutamente acortada y condenada a una fecha fija que no puede olvidarlo".

Y es que, como en toda su obra, la muerte planea también sobre "Lágrimas en la lluvia" (Seix Barral). Su presencia, la cercanía del final, queda reflejada en la protagonista de su novela, la detective tecnohumana Bruna Husky, que considera el personaje más cercano a ella de todos los que ha escrito. "Esa obsesión por la muerte que tiene es muy mía, pero también esa voracidad por vivir", cuenta una sonriente Montero, que acaba de cumplir 60 años.

A la androide le ha prestado cosas como sus "ataques de angustia" y hasta el nombre, porque Bruna Husky era su avatar en "Second Life", el mundo virtual al que se enganchó hace seis años, y lo ha tenido como un alias mucho tiempo. Pequeños detalles que han hecho de este libro "un juego privado" en en el que Rosa Montero iba encajando las piezas de un rompecabezas futurista. "Inventarte todo te da una sensación increíble de ser dios, es fantástico, qué poderío", exclama.

Sin embargo, lamenta que en España no haya "en absoluto tradición de ciencia ficción, sino que ésta se confunde con los malos telefilmes de marcianitos con orejas picudas". Para Montero, la mala ciencia-ficción se produce cuando el autor "empieza a decir escarfurcios absurdos, modernizaciones delirantes, cuando la vida es tan igual a sí misma. ¿Cómo vas a pensar que dentro de cien años no habrá cocinas si las había hace ocho siglos?"

"Lágrimas en la lluvia" habla de teleportación, de guerras entre humanos y replicantes y acuerdos con extraterrestres, pero también de destrucción medioambiental y de las consecuencias de catástrofes naturales como la que hoy vive Japón, que dejan un mundo donde el aire limpio es sólo para quienes pueden permitírselo. Pero ya después de Hiroshima y Nagasaki se habló de posibles plataformas orbitales, recuerda la autora.

"Creo que todo en mi novela es perfectamente verosímil", afirma. Sólo hace falta pensar hacia dónde puede derivar este mundo, cómo puede latir. "Me hacia gracia vivir ese futuro -que tampoco es disparatado- desde lo cotidiano, pensar que habrá que comprar por ejemplo tarjetas de agua purificada en el supermercado". Y en este sentido, uno no puede evitar una cierta visión crítica de la realidad de hoy.

Por eso, "Lágrimas en la lluvia" es también "un análisis sobre lo que son las sociedades, las relaciones de poder, la moral pública, la ética privada y sobre cómo debe uno moverse y comprometerse con la vida para que la vida no lo mangonee", sostiene. Pero hay un segundo tema esencial en la novela: la memoria como construcción de la identidad.

"Somos lo que recordamos de nosotros, lo que contamos que hemos sido, pero esa memoria que nos contamos a nosotros mismos es mentira, es un invento", sostiene. En su novela, a los androides se les implantan unas memorias, con las que incluso se trafica, para proporcionarles mayor estabilidad emocional. Y eso les convierte en "un símbolo perfecto del ser humano, con esas memorias que son falsas".

La autora de "La hija del caníbal" o "Historia del Rey Transparente" cuenta con una privilegiada imaginación que convierte sus novelas en muy visuales, "porque nace del mismo estrato del inconsciente donde nacen los sueños". Por eso, al contrario que otros escritores, nunca narra su vida ni vuelca en sus novelas experiencias que le haya podido aportar su faceta como periodista, un oficio al que se ha dedicado durante más de 40 años.

"Al hacer mis entrevistas me guiaba el mismo impulso que me lleva a ser novelista: ponerme en el lugar del otro, entender al otro", cuenta esta reportera, que sigue colaborando con el diario "El País" y ha recibido entre otros el Premio Nacional de Periodismo y el Premio Mundo de Entrevistas. "Tengo una curiosidad genuina y profundísima por la gente, quiero saber cómo se siente el mundo desde su cabeza (...) Siempre digo que la novela es la autorización de la esquizofrenia, que permite meterte en esos mundos".

Ella que ha "amado el periodismo", explica que pese a ser un oficio "precioso y un privilegio", es también muy cansado. "Y no hay quien aguante 41 años 'full time' como yo he estado 30 años". Por eso en los últimos tiempos ha derivado más hacia la novela, que siempre ha estado en ella -con cinco años ya escribía cuentos-, ya que para Rosa Montero la escritura es algo "estructural", algo que todo escritor necesita para poder vivir, independientemente de los géneros que cultive.

Y aunque comenzó a escribir "Lágrimas en la lluvia" "como un regalo, como una experiencia lo más feliz posible y hasta lo más inocente posible", la realidad que se le impuso como el más duro de los golpes: Su marido Pablo, Lizcano, enfermó gravemente y murió a los pocos meses. ¿Fue entonces un libro terapia? "Eso sería minimizarlo. La escritura es mucho más", afirma. La pregunta, en aquellos duros momentos, era: "¿puedes seguir manteniéndote cómo persona? Y yo no me sé mantener como persona si no es escribiendo".